Mi complejo mundo interior y mi sucio instinto sexual a veces se unen para crear los más variopintos escenarios oníricos.
Anoche, sin ir más lejos, me encontraba atado a una silla mientras unos cuantos maromos cachas con camisas dos tallas más pequeñas de lo que deberían llevar y una suerte de antifaces no dejaban de sobarme.
Eso me pasa por irme a dormir justo después de ver el clip de Human Nature de Madonna, claro...
Imaginad mi frustración cuando, al despertar, me encuentro en la ciudad española donde, estadísticamente, menos posibilidades tengo, ya no de que mi sueño se haga realidad, sino de tener algo mínimamente parecido al sexo.
Sean Cody bendiga la masturbación...
Nadie es profeta en su tierra, pero yo no podría profetizar un polvo en Huelva ni aunque sufriera un Flashforward....
Para intentar remediar tal imposición del Destino, Ed (mi gran aliado en esto de las causas perdidas) y yo, hicimos el sábado pasado lo que hacemos siempre que vengo de visita: separarnos de nuestro grupo de amigos heteros y realizar un viaje muchas veces emprendido, pero que siempre resulta ser iniciático.
Nunca estoy preparado para lo que nos espera en El Taller, el único garito gay de la capital abierto hasta tarde. Al menos, hasta donde llegan mis conocimientos...
El portero nos dejó pasar sin pagar.
Vaya, pensé, al menos saben reconocer el glamour cuando lo ven....
Pues no. Al entrar estaban los camareros, el DJ (al que más tarde querría procurar una muerte lenta y dolorosa...) y ese chico que no tiene amigos, bebe solo en la barra y al que puedes encontrarte en cualquier bareto o discoteca de España.
Nadie más.
Tenía la sensación de que en cualquier momento aparecerían rodando esas bolas de matojos que se ven en las pelis cuando dos cowboys se van a batir en duelo. La diferencia era que, al parecer, yo no iba a desenfundar mi pistola esa noche tampoco.
Decidimos quedarnos a tomar una copa y, de repente, comenzó a llegar la gente en oleadas. Sin duda acababa de cerrar sus puertas el Cotton, el otro garito que, junto a El taller, forman la intrincadanda ruta gay de mi ciudad.
El hecho de que el local se llenara de gente no significaba que la situación no dejase de ser desoladora. No lo digo con ánimo de ofender, por supuesto. Lo que ocurría es que la gente era o demasiado joven, o demasiado mayor, o demasiado... algo.
Todo ello unido a la exquisita selección musical a base de reggaeton hizo imposible que ni siquiera el alcohol me permitiera alcanzar un ápice de diversión, así que abandoné el barco antes de que se hundiera, dejando a Ed hablando con un conocido.
Ahora, si me perdonáis, voy a ver el clip de Erotica y me meto en la cama en seguida





