Tener un secreto es un arma de doble filo.
Por una parte, puede convertirse en un juego excitante. Saber algo que otros desconocen puede hacerte sentir especial, aunque sólo sea por el mero hecho de tener algo que sabes que es sólo tuyo... o de un círculo muy limitado de gente.
Sin embargo, también puede suponer una pesada carga. La tentación de romper el silencio y revelarlo puede ser increíblemente tentadora y la sensación de liberación que te deja puede ser razón más que suficiente para romper el voto de silencio, sea autoimpuesto o no.
Yo tengo un secreto.
Algo que la inmensa mayoría de mis amigos, conocidos, familiares y compañeros de trabajo no saben.
En ocasiones, cuando confluyen la persona y el momento oportunos, suelto lastre y lo cuento. No es algo que me guste dar a conocer a todo el mundo, aunque tampoco tenga por qué avergonzarme de ello. Simplemente he optado por llevarlo con discreción.
El viernes pasado, quedé con P. para comer. Desde su reciente despido, hemos hablado frecuentemente por teléfono, pero como la echaba mucho de menos, decidimos vernos y ponernos al día.
Había decidido que, además, P. tenía que conocer mi secreto de una vez por todas.
Pasamos una sobremesa muy agradable. Como las que solíamos tener en el comedor de la empresa.. o mejor, porque disponíamos de toda la tarde para nosotros.
Uno no sabe cómo sacar ciertos temas. Nunca parece ser el momento oportuno para soltar según qué cosas, sobre todo si no estás seguro de cuál será la reacción de tu confidente. Intenté retrasar el momento lo máximo posible, pero ya no podía más.
Miré a P. a los ojos y le dije que tenía que decirle algo que nunca le había contado. Su expresión cambió, adquiriendo una mirada de tensa expectación, como cuando alguien está a punto de anunciar algo que puede cambiar el curso de tu destino. Me vi reflejado en el precioso iris verde de sus ojos y advertí que yo también había adoptado un semblante serio.
Estaba nervioso, pero no podía seguir posponiéndolo más.
Así que respiré hondo.
Y se lo confesé sin más:
- Tia, tengo un blog.
Al principio, no pude interpretar su reacción porque se quedó impasible.
Le expliqué que lo tenía abierto desde hacía bastante tiempo y que en él hablo, básicamente, de mí. Se mostró comprensiva, cosa que no me sorprendió en absoluto.
Parecía que P. no tenía ningún tipo de prejuicio contra los blogueros. Le expliqué que no quería que nuestra amistad cambiase, que somos gente tan normal como ella misma, plenamente integrada en la sociedad y que sólo queremos que nos respeten.
La razón por la que había decidido contárselo precisamente en aquel momento fue ni más ni menos que el post que escribí sobre su despido y sobre lo que significó para mí. Como me expreso mucho mejor escribiendo que hablando, quería transmitirle todo lo que tenía dentro y no se me ocurrió mejor forma que imprimir mi post para que lo leyese.
La verdad es que le gustó mucho e incluso se emocionó. Aunque ella no tiene internet en casa ni va a leer asiduamente este blog, me sentí mucho mejor tras quitarme ese peso de encima.
Desde aquí, quiero mandar mi apoyo a todos esos blogueros que viven su condición en la sombra. Contadlo en vuestro entorno, haceos visibles, porque sólo de esa forma lograremos la normalización de nuestra situación.
Avancemos con determinación. Aún nos queda mucho camino por recorrer, pero seguro que juntos, en el futuro, conseguiremos que la legalización del matrimonio entre blogueros o la adopción por parte de usuarios de Blogger o Wordpress sea una realidad...
12 susurros:
Yo lo mío lo llevo fatal. Porque cada vez más gente de mi entorno lee mi blog y ya no puedo usarlo para lo que más me gusta: rajar de ellos a discreción.
Porque aunque uses pseudónimo la gente lo pilla pronto y hala, ya la tines liada.
Un blog!
Tu!
Dios... Nunca hubiese creído que fueses uno de esos...
Y no has tratado de... no se, no tener un blog, o algo?
Lo malo son las etiquetas: en cuanto se lo empiezas a contar a tu entorno más cercano, de pronto ya no eres más que un bloguero para ellos, tu vida se reduce a eso... nadie repara en qu es probable que también tengas Facebook, por ejemplo. No. Todo el mundo a vueltas con el blog. Hace falta tiempo, para que los tuyos se hagan a la idea, sí.
Salir a la luz!!!??
hacerlo publico???
Pero tu sabes cuantas personalidades llevo ya gastadas en la bloggosfera!!???
ESTAS DE COÑA O QUE???
Oye, que los blogueros sois también criaturitas de la diosa, casi casi personas.. así que nada de avergonzarse de ese secreto!
Eso sí, a mis amigos no se lo comentes que van a pensar que me junto con cualquiera.
No sé si sabría vivir con secretos, soy demasiado borderblond para ello
y en tercera persona!
que canalla!
Jajaja, la verdad es que a veces sí que tiene un significado especial revelarle a alguien que tienes un blog, es como dar un paso adelante en la relación de amistad.
No deberías haberlo dicho. Eso sólo se hace con fines carnales, ay.
jajajajaja... me meo
Yo dejé caer que tenía un blog en una conversación con mis amigos hace cerca de un año.
Venía a colación de otros amigos que estaban colaborando en el blog de una tercera persona y no nos habían dicho nada, pero con la diferencia de que ese blog era bastante, digamos, accesible. Yo comenté que al que no quiere que le encuentren, no le encuentran, y me puse como ejemplo, les dije que escribía un blog pero era tan anónimo y tan ajeno a mí que era imposible que nunca, jamás, ninguno de ellos lo encontrara ... ni de casualidad ...
Desde entonces me consta que una de mis amigas emprendió la búsqueda de mi blog y aun hoy alberga la esperanza de toparse con él. Incluso han intentando sonsacar/sobornar a mi amiga PinkPanther, única de mi entorno que conoce de su ubicación ...
De momento creo que todos sus intentos son infructuosos, pero desde aquel día pende sobre mí la espada de la incertidumbre ...
:-)
Besicos!
Vicioso!
Blogs....Adónde vamos a llegar??[\me santiguo]
;)
jajajja Nosotros ya lo sabíamos...
Firmado: Ibu, Dani y Roger.
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