17 noviembre 2010

El Protocolo Apolo

Tras el peor lunes que recuerdo en mucho tiempo y que sólo fue mitigado por una sonrisa limpia y una acogedora mirada, alguien ahí arriba decidió obsequiarme con un martes lleno de alegría en el trabajo, cosa que me ha venido fenomenal para relajar tensiones del día anterior.

La mañana transcurrió trabajando sin parar, pero entre risas con mis compañeros. Presumo de currar en un buen ambiente, por norma general, lo que ayuda bastante a sobrellevar la jornada.

La tarde transcurrió algo más calmada, A partir de las 16:00, el ambiente en la oficina se vuelve más relajado, casi soporífero. Nada hacía presagiar el revuelo que se formaría en unos minutos. 
 Me encontraba hablando con mi compañero de enfrente, al borde del coma cuando, de repente y sin previo aviso, en mi campo de visión se cruzó un maromo.

Él estaba de espaldas a mí, a unos seis metros. Vestía una camisa de color claro que llevaba por fuera y que era lo suficientemente ajustada para adivinar unos hombros anchos y fuertes. Era alto, de constitución atlética y, aunque aún no le veía la cara, estaba completamente seguro de que sus pies no habían pisado antes mi oficina.

Estaba desorientado, como si estuviera buscando a alguien. Estaba a punto de levantarme para ofrecerle gentilmente mi ayuda, cuando se giró y pude ver su rostro.

Joder, qué guapo!

Y fue entonces, sólo entonces, cuando se inició el Protocolo Apolo.

En mi empresa, existe una sub-división secreta, un Círculo Interno compuesto por miembros que llevamos a cabo una misión que nadie más conoce. Agentes comprometidos con una causa por la que debemos abandonar nuestras vidas, nuestros trabajos ordinarios y, si es necesario, nuestra identidad. Una vez que se activa una determinada directriz, comienza nuestra labor.

El momento había llegado. 

Un chulazo había entrado a nuestra oficina.
Nuestra misión era clara:

Identificarle.

Nuestra Organización Secreta tiene a sus miembros situados en puntos clave.

BB está sentada cerca del fax.
Cerca de la puerta principal, dominando las entradas y salidas, se encuentra AH.
Sentada al lado de nuestra supervisora directa, CC no pierde detalle.
MKC es nuestra arma más letal: bella, inteligente... imparable en el trabajo de campo.
Y yo, el único miembro masculino de la Organización, me siento cerca de la impresora, delante del despacho de la Directora.

Realicé un rápido intercambio de miradas con mis compañeras para confirmar el inicio del Protocolo Apolo y, automáticamente, se activó ARMENCHU. Mi sistema nervioso central cuenta con una poderosa computadora conectada con una red sináptica de procesamiento de datos. ARMENCHU, mi Archivo Mental de Chulazos, cuenta con su propio navegador web (el Proud Chrome) que conecta instantáneamente con más de un millón de archivos de chuliboys que se han cruzado en mi vida de una manera u otra. A través de un complejo programa de reconocimiento facial freeware, averigüé que el sujeto (al que designaríamos Adán) era un completo desconocido y que no era empleado de la multinacional para la que trabajo, con presencia en Europa y Sudamérica.

A los pocos segundos, Ricitos Negros, la responsable de otro departamento anexo al mío, se acercó a Adán. Lo saludó con cordialidad y, analizando sus gestos, llegué a la conclusión de que ya se conocían. A continuación, tras presentarle a otro supervisor, los tres se encerraron en La Pecera, una sala de reuniones  con una pared de cristal transparente situada al fondo de la oficina.

Estaba claro: se trataba de una entrevista de trabajo.

Compartí mis sospechas con mis compañeras y nos dividimos el trabajo. Mientras MKC y CC intentaban averiguar el vínculo que unía a Adán y Rizos Negros, yo inicié una maniobra de reconocimiento. Para ir a la máquina de café hay que pasar cerca de La Pecera, así que lo utilicé como excusa para aproximarme.

Cuando tuve una visión clara, realicé un análisis del lenguaje corporal de los que se encontraban en la sala. Adán se encontraba relajado, pero transmitía firmeza y seguridad en sí mismo. Gesticulaba lo justo y no se apreciaban tics. Miraba a los ojos a sus interlocutores e incluso esbozaba alguna sonrisa casual.
Rizos Negros le escuchaba con atención y su compañero apoyaba los brazos en la mesa en dirección al entrevistado, un gesto que denotaba receptividad.

La entrevista marchaba bien.

Cuando llegué a la máquina de café, me asaltó una compañera de la oficina que no estaba involucrada en el Protocolo Apolo:

- Proud, ¿Has visto al nuevo? ¿Quién es?

Recogí mi café y, mientras me marchaba de vuelta a mi mesa, le respondí:

- Lo siento, no puedo compartir esa información contigo.

Cuando volví a mi sitio, tenía un E-mail encriptado en mi bandeja de entrada. Lo remitía una de mis agentes y contenía tan sólo seis palabras:

Es un amigo personal de Rizos.

Lo que sospechábamos.

La entrevista terminó y, acto seguido, Rizos presentó a Adán a su equipo.
Lo habían cogido.

CC, que se encontraba situada cerca del lugar donde se estaban realizando las presentaciones, se acercó a mí discretamente para hacerme una sorprendente revelación:

Adán se llamaba igual que yo.

Comenzaba a percibir que algo empezaba a encajar. Una serie de acontecimientos relacionados entre sí. Una estructura de sucesos y casualidades firmemente forjadas con un objetivo desconocido por ahora.

The Pattern...

Adán abandonó nuestro Jardín del Edén de luz fluorescente. Mi mirada se quedó un rato fija en la puerta. La voz de mi jefa, que se encontraba a mi espalda recogiendo un informe de la impresora, me sacó de mi ensoñación:

- Es heterosexual y tiene novia.

Toda la operación encubierta a la mierda.
Archivé a Adán en la subcarpeta de Chulos No Disponibles y apagué ARMENCHU.

El Protocolo Apolo había sido un fracaso.

12 susurros:

Alber dijo...

Al menos os ha servido como entrenamiento. Las maniobras periódicas son necesarias para mantener el nivel de operabilidad del equipo, en caso de emergencia real.
He dicho.

ChicoTóxico dijo...

que gran retorno de ARMENCHU!!!

De tus mejores posts, nene!

5 stars!

Tony Tornado dijo...

Soy tan fans de ARMENCHU!!!!!!!

Soliloco dijo...

Es que por lo general las marujas hacen mucho ruido pero no sirven pa na, llámense radio patio o protocolo molon

Eso sí, Armenchu es de una potencia que da hasta miedo.. aunque me ha fallado las dos veces que lo he necesitado! ;)

Orologiaio dijo...

Post legendario!

jajajaja
Ay, qué gusto que a uno le alegren una mañana gris con cosas así :D
Gracias Proud!

Por cierto, yo archivaría a Adán en la carpeta de "NO-disponibles-pero-quién-sabe", que ya se sabe: ancho de espaldas...

:P

Proudstar dijo...

Alber: Creo que lo que nos falta en nuestra operación encubierta es un poderoso hipnotizador ;)

CT y Tony: Además, se sincroniza con tus redes sociales favoritas: Facebook, Twitter, Manhunt...

Soliloco: Ya me dirás cuando has necesitado a ARMENCHU, que no caigo ahora...

Orologiaio: Si te ha provocado una sonrisa, satisfecho me hallo.

ace76 dijo...

Yo no desactivaría del todo el Protocolo Apolo, lo mantendría discretamente en suspensión. Aun hay más datos que se pueden registrar en Aremenchu! :-D

Sota dijo...

Atención, pregunta: Grado de fiabilidad de tu jefa en estas cuestiones?

DoN dijo...

Como puedo conseguir una copia de Armenchu y demás programas? Podre instalarlo en mi viejo Pentium? Hmmm... :)
Que pena que la ciencia no avance lo suficiente para hacer clones de los amigos de Rizos y hacerlos perfectos eliminando sus heterimperfecciones.

luxaurumque dijo...

XD

Te he dicho alguna vez que eres mi ídolo? Que soy fans declarado tuyo sí lo sabes, no?

Pues eso ...

Y que el protocolo Apolo no ha sido ningún fracaso, que yo sepa, según tus palabras, el objetivo del protocolo es identificar y obtener información sobre chulazos (que supongo luego se implementará en ARMENCHU)no?

;-p

Besicos!

Dan dijo...

TE AMO!!!!

hm dijo...

Todo el mundo es hetero... hasta que descubres que no....