26 diciembre 2010

El Revolcón navideño

Estaba convencido de que la Fiesta de Navidad de mi empresa no podía traer nada bueno. Sabía que mezclar alcohol, compañeros de trabajo, jefes y un compañero nuevo buenorro me iba a ocasionar algún que otro problema. No desconfío de mi capacidad de autocontrol. Dadas las circunstancias, me porté de maravilla.

De hecho, lo que menos esperaba es que Adán se abalanzase sobre mí en mitad de la calle y terminásemos el uno sobre el otro (él sobre mí para más datos) tirados en la acera con dos testigos de excepción: mi absoluta excitación al notar la dureza de su cuerpo....

Y su novia, que nos contemplaba atónita a metro y medio de distancia.

Las historias, por supuesto, hay que contarlas desde el principio.


Ese miércoles, unas cuantas horas antes, yo salí precipitadamente de la oficina. Tenía que llegar a casa, asearme, ponerme el traje y salir pitando al cóctel. Una vez en Proudville, tuve un momento de duda y se me pasó por la cabeza la idea de quedarme en casa de relax, pero otra idea más poderosa iluminó las sombras de mi vacilación...

Barra Libre.

Llovía copiosamente y me costó bastante encontrar el lujoso sitio donde se celebraba el evento, pero llegué justo a tiempo para perderme el tedioso discurso anual de la presidenta de la compañía, así que Dior bendiga la lluvia...

Me reuní con mis compañeros y, poco a poco, iniciamos el proceso de alcoholización y exaltación de la amistad. Es curioso que lo que normalmente dé morbo sean los uniformes y, aquella noche, lo que me dio morbo fue ver al segurata buenorro vestido de paisano, con una camisa apretadísima que le sentaba tan bien que yo creo que debía ser ilegal o algo.

Adán se encontraba también por allí. Como era el único de su departamento presente en la fiesta, me ocupé de que se encontrase integrado y lo arrastré a nuestro grupo. Yo me había propuesto que una vez que se terminase la barra libre, me volvería a Proudville, ya que al día siguiente tenía que currar y luego tenía que pillar un tren rumbo a Huelva York y a unas plácidas Navidades.

El caso es que Adán me convenció para que me fuese de marcha con él... y su novia, que se coló en la fiesta a última hora y que me cayó genial, pese a ser la que se estaba tirando actualmente a semejante cuerpo.

Mi débil voluntad me llevó a un bar hetero en Iglesia donde ponían Fito y los Fitipaldis y nunca habían oído hablar de Robyn, pero la verdad es que me lo pasé genial con la pareja.  La chica de Adán, aparte de ser un bombonazo, era encantadora y congeniamos en seguida.

El momentazo de la noche vino cuando salimos del garito y Adán me pidió que le cogiese a caballito.
Sí, lo que has leído.

Yo accedí, pero no esperaba que 3 milésimas de segundo más tarde estuviera montado en mi espalda. Teniendo en cuenta lo perjudicado que estaba y mi soprendente habilidad motriz, es lógico pensar que  terminé cayendo de bruces, con mi atractiva-pero-pesada carga sobre mí. Terminamos escojonados en el suelo, pero mi traje acabó hecho una mierda y me hice daño en un dedo.

No era ésta exactamente mi idea de un revolcón con Adán...

5 susurros:

Nils dijo...

Un tío que la primera noche de marcha te pide cabalgarte, SÍ O SÍ LE MOLAS...

luxaurumque dijo...

Qué envidia, por dios ...
:-)
Besicos!

Fido dijo...

Pero Bró, al enemigo ni agua.
Ella es mala, perversa, siniestra, chunga.

Cristina dijo...

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Pos vaya...
Eso sí, ni caso a Nils