29 enero 2010

Recétame otra cosa...


Hay varias situaciones en las que uno echa de menos tener novio.

Una de ellas es ese típico domingo por la tarde en el que no te apetece irte de marcha a La Latina y te quedas en casa viendo una peli y, bajo la manta, lo único que puedes abrazar es tu fuerte sentimiento de desidia y la única caricia que recibes te la da tu depresión dominical.

Otro de esos momentos de morriña conyugal lo vives cuando estás enfermo.

Esta semana, me he visto confinado en la cama. La fiebre, el dolor de cabeza y la gastroenteritis me han hecho compañía, eso sí.

Reconozco que soy un enfermo bastante insoportable. Es por ello que, en ocasiones como ésta, me alegro de que mis quejas, que durante estos días han reverbado desde las profundidades de Proudville, hayan caído en saco roto.
Lo que pasa es que es más aburrido así...

Y, claro, para estos casos, te recetan Paracetamol, Ibuprofeno y dieta blanda, pero, curiosamente, el médico siempre se olvida de incluir mimos, besos y caricias cada hora.

O cada media hora.

Precisamente, siguiendo con el tema de la enfermedad  (lo siento, chicos, os toca aguantar mis lamentos),  una de las cosas más molestas es cargar con tu fiebre y malestar general para acudir a la consulta de tu médico de cabecera y suplicar un justificante o parte de baja. Porque, no nos engañemos, no van a decirnos nada que no sepamos.

En mi caso, mi médico de cabecera es una señora que roza la cincuentena, muy recatada, pija y elegante que, desde el otro lado de sus gafas, me observa con atención mientras le explico lo malito que estoy.

También la imagino como votante del PP, aunque es un dato que no viene a cuento...

El pasado martes fui con la intención de visitarla, narrarle mis síntomas y que me diera el justificante de turno para la oficina. Me senté en la sala de espera, rodeado de esas señoras que tan de moda están ahora en Facebook, de un bebé que no dejaba de mirarme fijamente desde su carrito (cosa que me ponía muy nervioso) y de un señor que intentaba evadirse desesperadamente de la charla incesante de su mujer, refugiándose en lo más profundo de su mundo interior.

Y enmedio de este panorama me encontraba yo cuando, de repente, la puerta de la consulta se abre y, en vez de aparecer mi doctora, entra en escena un maromazo moreno de ojos verdes enfundado en una bata blanca.

En ese momento, creo que me subió la fiebre.

El Doctor Amor, carpeta en mano, nombró a algunos de los que esperábamos y, cuando pronunció mi nombre y me miró, hasta los microorganismos que me estaban puteando, se pusieron cachondos en mi interior.

Esperé pacientemente a que llegara mi turno de ser examinado. Cuando entré en la consulta, me recibió con una sonrisa y me invitó a sentarme. Le pregunté educadamente dónde estaba mi doctora habitual y me explicó que ella estaba de vacaciones y él le estaba sustituyendo.

Espero que sean unas vacaciones muy muy largas...

Ya he dicho en más de una ocasión que Anatomía de Grey ha hecho mucho daño. Todo el morbo que puede haber en el hecho de que tu médico esté buenísimo se esfuma en cuanto tienes que explicarle cuántas veces has ido al baño en las últimas horas o si tus deposiciones eran sólidas o más bien líquidas.

Nada sexy, a menos que te vayan ciertas prácticas...

Total, que al final, lo mismo de siempre: Paracetamol, mucha agua, dieta blanda...

... Y a superar solito la enfermedad.

Al menos vosotros escucháis mis quejas...

Cof, cof!

27 enero 2010

One Year Later...

El próximo viernes 29 de enero no podéis faltar al Polyester.
Tony Tornado y yo celebramos nuestro primer aniversario a los platos y vamos a celebrarlo donde comenzó todo, un sitio que es como nuestra segunda casa.

Nos haría mucha ilusión que no faltaséis ninguno!!!



Muchas gracias a Nils por el Flyer.

22 enero 2010

Hace tres años...

Cuando tal día como hoy, hace tres años, me senté frente al ordenador con la intención de abrirme un blog donde vomitar todas las paridas que necesitaba sacar de mi cabeza, no podía ni imaginarme que Proudstar in the City no sólo me iba a servir como terapia, sino que también me permitiría conocer a algunos de los que hoy considero amigos indispensables.

Hace tres años mi vida era muy distinta y servidor también lo era. Es increíble releer posts antiguos y darse cuanta de lo mucho que cambia nuestro entorno, nuestra situación y, sobre todo, nosotros mismos.

Proudstar, mi alter ego en la Red, nunca ha sido un personaje ficticio. Todo lo que cuento es una reflejo de lo que pasa en mi vida y pasa por mi mente. Es una crónica parcial, subjetiva y distorsionada por mi visión de las cosas, pero, en el fondo, se trata de eso.

Quisiera decir muchas cosas, pero sólo me salen palabras de agradecimiento.

Gracias a los que me leéis siempre.
A los que me comentan, porque vuestra opinión me ayuda muchísimo y me anima a seguir.
A los que leéis en silencio por tomaros la molestia de dedicarme vuestro valioso tiempo. Me gustaría que dieráis señales de vida.
A mis amigos en la Realidad que conocen mi blog (MK, Mister L, Vanir....) Os quiero mucho!
A los Bukkukis, simplemente por existir. Me habéis cambiado la vida!
A tantos bloggers a los que tengo mucho aprecio: Nils, ACE76, Alterego, Luxa, Sota, Skyzos, Parker... Omito a mucha gente, lo sé, perdonad!

Muchas gracias a todos!

Proudstar in the City continúa!

20 enero 2010

Encuentro Celestial

Mentiría si dijera que percibí su presencia en cuanto subió al vagón. Lo cierto es que estaba tan enfrascado en mi libro que sólo reparé en él cuando ya llevaba un rato sentado a mi lado y sentí su mirada clavada en mí. Levanté la vista con la intención de obsequiar con un ceño fruncido a mi molesto compañero de viaje urbano, para que abandonara su empeño en hacerme sentir observado...

Sin embargo, mis ojos se toparon con lo inesperado.

Una sonrisa enmarcada por unos deliciosos hoyuelos recibieron mi, a priori, gesto huraño. Alrededor de esta sonrisa se extendía un rostro de aparante piel suave, libre por completo de arrugas, puntos negros o cualquier otra imperfección que pertenecía al joven mulato más atractivo que me había encontrado en la vida.

. Hola. - me saludó- Me llamo Fulanito.

Y extendió su mano, a la espera de que yo se la estrechara.

Durante unos instantes, mi perplejidad fue casi ridícula, porque me quedé parado sin saber reaccionar.
No sólo porque el chico fuera absolutamente perfecto, sino por el mero hecho de que un desconocido, de repente, en el Metro, me entrase de manera tan natural.

- Hola! - dije tras un eterno instante, estrechándole la mano- Soy Proud.

A continuación, me preguntó si era de Madrid y yo le contesté que no, que llevaba seis años y pico viviendo aquí.Hablamos durante un rato sobre y todo y sobre nada cuando, de repente, comencé a notar que la conversación tomaba un giro... extraño.

Comenzó a decirme que tener un trabajo estable está muy bien, pero que el Hombre debe buscar su camino en una sóla cosa...

Y fue en ese instante cuando me fijé que en la solapa de su chaqueta llevaba una placa identificativa, como las que llevan los empleados de un Burger.
No pude leer completamente lo que ponía porque no quería que se notase que estaba mirando, curioso, su placa... pero leí claramente la palabra Jesucristo en negrita.

En ese momento pensé que la analogía del Burger había sido muy acertada, porque él suministraba comida rápida... para el Alma...

Y así fue como me ví atrapado en un incesante monólogo sobre Dios y sobre lo pecadores que somos sus Hijos, que deben buscar la redención para conseguir el Perdón. Y como yo era incapaz de cortar tan sentido sermón a un ser tan bello que resplandecía con  luz propia, me limité a asentir y me lo trague todo enterito.

El sermón.

Cuando llegué a mi destino, me despedí cortesmente y él me invitó a visitar el Centro donde ayudaba voluntariamente. Reprimí mi ocurrencia de contarle que, cuando estoy deprimido, me pongo el vídeo en el que una chica empuja al Papa al suelo.

Y allí le dejé sustituyéndome, esta vez, por una chica.

Con semejante Emisario del Señor es muy difícil permanecer en el ateísmo...

18 enero 2010

Poppers

Lejos de incitaros al consumo de drogas, os proponemos  algo que disparará vuestra euforia y os pondrá cachondos, pero no produce cefaleas ni naúseas....

El próximo viernes 22 de Enero, Chico Tóxico y un servidor nos pondremos a los platos del 2046 y destaparemos el frasco de Poppers, una fórmula preparada con lo mejor del pop de ayer, hoy y siempre que, seguro, se te subirá pronto a la cabeza.

Os esperamos en la C/ Campoamor, 4 (Metro Alonso Martínez) a partir de las 23:00 horas.

No faltéis!!


15 enero 2010

Ahí fuera...

Mientras escribo estas palabras hay alguien, en alguna parte, que me echa de menos.

En otro lugar, alguien desea no haberme conocido nunca.

No muy lejos de allí, una persona ha llorado por mí y a otra la he decepcionado.

Alguien recuerda en este momento lo mucho que le he hecho reir y, curiosamente, un antiguo amante ocasional acaba de olvidar mi nombre para siempre.

Durmiendo bajo la calidez de su edredón, hay una persona que está enamorada de mí e ignora que me he dado cuenta.

Otra me odia.

Alguien me desea.

Y hay al menos tres personas que han decidido no volver a verme.



Tú, mientras tanto, sigues sin aparecer...

13 enero 2010

Kryptonita

La llamada puede llegar de muchas formas distintas.

A veces es un grito ahogado que rasga el silencio de la noche. En otras ocasiones, sin embargo, se trata de un silencio ensordecedor que se abre paso a través del ruido del tráfico, de la música o de la risa histérica de una adolescente ebria.

Un sollozo.
El sonido de una lágrima tuya al caer sobre la acera.
Uno de tus sueños al hacerse trizas, esquirlas de cristal diseminadas a tus pies.

Da igual lo imperceptible que sea la señal o la distancia que nos separe. Raudo y veloz, busco un sitio donde nadie pueda descubrir mi secreto.

Mi verdadero Yo sale volando por la ventana y atrás queda una sombra vacía que observa de forma inexpresiva cómo se aleja él ondeando su capa al viento.

Miren, allá arriba
¿Es un pájaro? ¿Es un avión?

Y al final te salvo. Derroto al villano, enjugo tus lágrimas y la gente aplaude enfervorecida.
Pero yo sólo te miro a ti.

Sonríes y desapareces.
Hasta que vuelvas a estar en peligro y yo vuelva a acudir.

Más rápido que una bala.
Más tonto que una astilla.