El polvo.
Sin embargo, hay ocasiones en las que la Naturaleza toma el control y las nuevas tecnologías te ponen en bandeja a un chulazo que sacie con creces esos momentos en los que no te conformas con un cinco contra uno.
El caso es que esta noche llegué bastante cansado del gimnasio, tomé una cena ligera y me dispuse a pasar un ratito tirado en el sofá leyendo, cuando un chico de ojos verdes bastante morboso irrumpió en la pantalla de mi móvil 3G y me propuso acercarse a Proudville a retozar un rato.
No era mal plan para un miércoles por la noche. Tras el correspondiente intercambio de fotos, perfiles, estauras y medidas, el chico confirmó que estaría en mi casa en 15 minutos.
Me molas -me escribió- Tienes pinta de dar caña en la cama...
Dar caña.
Claro, si se refería a ser intenso, apasionado, frenético... pues sí.
Pero no se refería a eso.
Cuando llegó, fuimos directamente al grano. Estaba bastante bien, no me decepcionó su físico, la verdad. El caso es que, justo cuando estábamos metidos en faena, va y me suelta:
Tio, dame de ostias...
Claro, yo al principio me quedé un poco en plan ¿perdona?
Luego pensé que, bueno, unos cachetes en el culo siempre tienen su punto. Así que me puse manos a la obra y fueron bien recibidos... al menos, al principio.
Unos minutos más tarde, me agarró la mano con la que le estaba azotando, me miró a la cara y me dijo, suplicante:
Tio, ahora dame de ostias. Pero fuerte. Dame en la cara.
Y mira, ya por ahí no paso.
Le respondí que no, que no me iba ese rollo.
Pero si a mí me gusta. Joder, tú dame. Tio con lo alto y lo grande que eres...
Ea, ya estamos. Medir un metro casi noventa, estar fuerte y ser masculino parece ser que conforma una prueba irrefutable de que te gusta el sado, escupir y humillar a tu pareja sexual.
Pues no. Lo siento, pero no puedo. Por mucho que lo estuviera deseando y que le gustase ese rollo, la verdad es que fui incapaz de hacerlo. Nunca me he metido en una pelea ni he agredido físicamente a nadie. Lo más parecido que he tenido a una lucha cuerpo a cuerpo ha sido jugando al Tekken en la Playstation.
Pero, por Dios, si hace un par de días estuve viendo Tiana y el Sapo y acabé llorando como una madalena!!!! ¿Cómo pretende este chico que le deje la cara hecha un mapa?
Tras explicarle que se tendría que conformar con unos azotes en el culo, seguimos a lo nuestro y, al final, no pareció irse nada descontento, pese a la ausencia de moratones en su cara.
Lo más curioso de todo es que no es la primera ni la tercera vez que me pasa algo así. Debo tener una cara de cabronazo que inspira hostilidad.
A veces pienso que debí invertir más tiempo en mi infancia viendo pelis de Chuck Norris, en vez de coleccionar cromos de los Osos Amorosos...



