25 febrero 2010

Pégame, pégame mucho...

No suelo ser de los que usan los perfiles de contactos para un polvo express. Para bien o para mal, el ritual de quedar, tomar un café e iniciar el divertido juego de las miradas, las sonrisas y las insinuaciones es algo que me gusta bastante. Los momentos previos al primer roce, la primera caricia y al húmedo encuentro de las ávidas lenguas son un envoltorio de expectante sensualidad, complemento perfecto para el regalo que se esconde en el interior de la caja:

El polvo.

Sin embargo, hay ocasiones en las que la Naturaleza toma el control y las nuevas tecnologías te ponen en bandeja a un chulazo que sacie con creces esos momentos en los que no te conformas con un cinco contra uno.

El caso es que esta noche llegué bastante cansado del gimnasio, tomé una cena ligera y me dispuse a pasar un ratito tirado en el sofá leyendo, cuando un chico de ojos verdes bastante morboso irrumpió en la pantalla de mi móvil 3G y me propuso acercarse a Proudville a retozar un rato.

No era mal plan para un miércoles por la noche. Tras el correspondiente intercambio de fotos, perfiles, estauras y medidas, el chico confirmó que estaría en mi casa en 15 minutos.

Me molas -me escribió- Tienes pinta de dar caña en la cama...

Dar caña
Claro, si se refería a ser intenso, apasionado, frenético... pues sí.

Pero no se refería a eso.

Cuando llegó, fuimos directamente al grano. Estaba bastante bien, no me decepcionó su físico, la verdad. El caso es que, justo cuando estábamos metidos en faena, va y me suelta:

Tio, dame de ostias...

Claro, yo al principio me quedé un poco en plan ¿perdona?

Luego pensé que, bueno, unos cachetes en el culo siempre tienen su punto. Así que me puse manos a la obra y fueron bien recibidos... al menos, al principio.
Unos minutos más tarde, me agarró la mano con la que le estaba azotando, me miró a la cara y me dijo, suplicante:

Tio, ahora dame de ostias. Pero fuerte. Dame en la cara.

Y mira, ya por ahí no paso.
Le respondí que no, que no me iba ese rollo.

Pero si a mí me gusta. Joder, tú dame. Tio con lo alto y lo grande que eres...

Ea, ya estamos. Medir un metro casi noventa, estar fuerte y ser masculino parece ser que conforma una prueba irrefutable de que te gusta el sado, escupir y humillar a tu pareja sexual.

Pues no. Lo siento, pero no puedo. Por mucho que lo estuviera deseando y que le gustase ese rollo, la verdad es que fui incapaz de hacerlo. Nunca me he metido en una pelea ni he agredido físicamente a nadie. Lo más parecido que he tenido a una lucha cuerpo a cuerpo ha sido jugando al Tekken en la Playstation.

Pero, por Dios, si hace un par de días estuve viendo Tiana y el Sapo y acabé llorando como una madalena!!!! ¿Cómo pretende este chico que le deje la cara hecha un mapa?

Tras explicarle que se tendría que conformar con unos azotes en el culo, seguimos a lo nuestro y, al final, no pareció irse nada descontento, pese a la ausencia de moratones en su cara.

Lo más curioso de todo es que no es la primera ni la tercera vez que me pasa algo así. Debo tener una cara de cabronazo que inspira hostilidad.

A veces pienso que debí invertir más tiempo en mi infancia viendo pelis de Chuck Norris, en vez de coleccionar cromos de los Osos Amorosos...

16 febrero 2010

Mántengase en línea...

Últimamente tengo la blogosfera bastante abandonada.
Estoy hasta arriba de curro, llego muy tarde a casa y, además estoy dando forma a un proyecto que tengo en mente desde hace mucho tiempo.

Algo que, si sale bien, compartiré con todos vosotros, aunque me está tomando mucho tiempo y no estoy avanzando demasiado rápido.

Así que perdonad si últimamente no comento en vuestros blogs y no respondo a vuestros comentarios uno por uno en el mío. Sigue siendo muy importante para mí que sigáis haciéndome compañía en este espacio, porque sin vosotros esto sólo sería un solar.

Ya os iré contando...
Sigo por aquí.

15 febrero 2010

Sambaguy

En todos los gimnasios hay algún tio que es verdaderamente perfecto.
Porque tios cachas los hay patadas, pero con el cuerpo perfecto, varoniles, con una cara guapa y que no vayan con las cejas depiladas, hay bien pocos.

El Especimen 10 de mi gym es absolutamente espectacular. Un mulato guapísimo de unos veintitantos años que pasea por la sala un cuerpo esculpido en lo más alto del monte Olimpo y que, desde abajo, observamos e idolatramos los meros mortales que sudamos lo indecible entre las pesas, resignados a no conseguir nunca un resultado tan divino.

Y eso estando vestido.

El día que en el vestuario, accidentalmente, mis ojos se posaron sobre su cuerpo desnudo, pude contemplar que era posible definir músculos que no sabía ni que existían. Todo en su justa medida. Marcadísimo, pero sin llegar a unos niveles de hipertrofia.

Y unos glúteos con los que se pueden partir nueces.

Juro por Alan Moore que este chico no tiene NADA que envidiar a Cristiano Ronaldo.
Bueno, excepto su cuenta corriente, claro...

El jueves pasado me encontraba yo dándolo todo en el gimnasio, cuando Su Divinidad se me acercó y, sonriéndome con sus carnosos labios y sus oscuros ojos, me pidió permirso para turnarnos con la máquina que yo estaba usando.

Le respondí un por supuesto y le cedí el asiento con una aparente indiferencia que contrastaba con la excitación interior que sentía mientras me daba un festín observando al chico en acción. Bajo su camiseta de tirantes (que dejaba muy poco a la imaginación), su pectoral de cemento armado se hinchó al realizar el esfuerzo. Al instante, quise ser la gota de sudor que recorría el marcado surco de su pecho que, oye, ni el Canal de Suez....

En un momento dado, me pidió ayuda para levantar peso y, con la tontería, nos pusimos a hablar.  De hecho, inició él la conversación.

Nota mental: los chulazos pueden ser majos y todo.

Le comenté, en plan coña, lo injusto que me parecía que levantásemos el mismo peso y yo no tuviera su escultural cuerpo ni de lejos.

- Hombre, tú estás mazado... - me contestó.

Venga, va, acepté su respuesta sin rechistar.

Imagino que, de todas formas, él hacía mucho que no se comía un plato de lentejas con chorizo. He ahí la diferencia...

Algo más tarde, casualmente, nos encontramos en las duchas.

Intenté no mirar donde no debía. Juro que lo intenté con todas mis fuerzas.
Fracasé estrepitosamente....

Acto seguido, me metí en la sauna y, segundos más tarde, apareció él. Se sentó justo frente a mí. Había otro chico más dentro, pero salió a los pocos segundos y nos dejó a los dos solos (que Dios le bendiga...)
No es muy cómodo tener a semejante chulazo enfrente y estar desnudo, húmedo y caliente.

Caliente por los efectos del vapor de la sauna...

Le pregunté lo típico, cómo se llamaba, de dónde era y tal. Resulta que Sambaguy (gracias a Soliloco por el nick...) es brasileño y lleva tres años en España. Tres años en los que nuestro país es más bonito, sin duda...Y, nada, la típica conversación en la que tanteas un poco el terreno...

Proud, mírale a los ojos, por Dios....

Y el resto de los acontecimientos pasaron muy deprisa.
Dada la situación en la que nos hallábamos resultó evidente que Sambaguy estaba disfrutando mucho con nuestra conversación.

Muy evidente.

Y como ambos estábamos apoyados sobre nuestras rodillas y el uno frente al otro, la proximidad de nuestras bocas desató una curiosa energía magnético- cachonda que desembocó en un morreo, hermanando a Huelva y Río de Janeiro.

Dos bocas entrelazadas.
Un crisol de culturas.

Y cuando nos estábamos emocionando más de la cuenta y nos dimos cuenta que el sitio en el que nos encontrábamos nos ofrecía ciertas limitaciones para dar rienda suelta a nuestra lujuria, paramos.

- Bueno, le dije- parece ser que tendremos que quedar fuera, no?
- Claro - me contestó sonriente.
- Pues para eso me tendrás que dar tu teléfono.
- Ahora cuando salgamos te lo doy.

En ese momento, entraron dos chicos. Él salió a ducharse y yo le seguí. Se me adelantó por unos segundos al vestuario y cuando llegué, ví que estaba hablando con otro chico. Era un amigo suyo al que había visto en otras ocasiones.

Evidentemente, no era plan de acercarme a pedir el teléfono. El caso es que se vistió y su amigo no dejó de hablarle en ningún momento, así que me quedé observando cómo se marchaban juntos. Antes de salir por la puerta, eso sí, Sambaguy giró la cabeza hacia mí y me guiñó un ojo, sonriéndome.

Pero no me rindo. Le veo en el gym casi a diario.
Y esos abdominales en los que se puede lavar la ropa...
Esos pectorales como dos penínsulas...
Esa V peeeeerfecta
Y muchas otras cualidades que no os cuento...

... merecen ser exploradas con más detenimiento.

11 febrero 2010

Retazos de San Valentín

Como si se tratase de una marea negra de chapapote que cubre de inmundicia todo a su paso, siento en el aire como el día más odiado de mi calendario se acerca inexorablemente.

San Valentín es un triste recordatorio de todos los fracasos amorosos con los que está salpicado mi currículum sentimental.

Todos a los que amé y que no me correspondieron.
Todas las palabras que nunca le dije.
Las que nunca debí decir.
Todas esas personas que jamás supieron lo que me hacían sentir.
Todos los que me rompieron el corazón.

Me acurruco temeroso de que me visite el Fantasma de los San Valentines pasados, mientras El Corte Inglés se frota las manos pensando en el festín que se va a dar a costa de una panda de corazones rebosantes de Amor.

Paparruchas!

La última vez que tuve la oportunidad de hacer un regalo de San Valentín, acordamos no caer en el consumismo sin sentido de esa fecha.. 
Fue el preludio de lo inevitable.

En el instituto, recibí una carta preciosa de una chica que, supuestamente, me declaraba su amor. Aquel adolescente gordito y sin éxito atesoró aquella carta como esperanza palpable de que el Amor existía también para él... 
En el fondo, pensaba que no había sido más que una broma de algún compañero de clase, pero durante años ahuyentó esa idea de su cabeza.

Hoy, lo más parecido que tengo a un proyecto de pareja es Bioguy. Está loco por mí. Me lo ha dicho y me lo ha demostrado. Sin embargo, arrastra unas heridas del pasado tan profundas que es absolutamente incapaz de iniciar una relación con nadie. 
Miedo a que le vuelvan a hacer daño de nuevo.

Contra el miedo es más difícil luchar que contra un sentimiento no correspondido y  yo no estoy seguro de tener fuerza o paciencia para tirar de una persona.

Este año tampoco va a haber flores ni bombones.

09 febrero 2010

Lección de Historia... y Biología

La Historia y la Moda tienen algo en común: ambas son cíclicas.
Hay patrones en los acontecimientos históricos que se repiten a lo largo del tiempo.
Por otra parte, las tendencias de décadas anteriores vuelven, cada ciertos años, a adornar los escaparates como si fueran novedad.

El Ser Humano está destinado a repetir los errores del pasado. Tropezar dos veces en la misma piedra es normal. La cuestión es si vas a volver a caerte al suelo o, por el contrario, aprendes a mantenerte en pie tras el tropezón.

Y de la misma forma que siempre habrá guerras y volveremos a sacar nuestra ropa de los 90 para estar a la última, Bioguy ha vuelto a entrar en escena para aumentar mi catálogo de Errores del Pasado...

... o para escribir la primera página de una nueva publicación de Aciertos del Futuro.

Volvimos a retomar el contacto gracias a las redes sociales y decidimos quedar el sábado pasado para tomar un café.
Como amigos, eso sí. Nada de besos, ni de magreos, ni de irnos a la cama. Ya me dejó claro en su día que no quería nada serio y, la verdad, es la clase de chico por la que me podría pillar fácilmente.
Así que acordamos previamente no pisar arenas movedizas y quedarnos tras una línea invisible que no podríamos traspasar.

Sería fácil. Al fin y al cabo somos personas adultas...

Cuando nos encontramos en el lugar de la cita, maldije hacia mis adentros. Mi memoria no le había idealizado en absoluto: tenía ante mí al mismo chico tremendamente atractivo y sexy que atesoraba entre mis recuerdos.

Sus ojos oscuros y el suave tacto de su cara cuando le saludé con dos besos me decían a gritos que mi actual presencia tampoco desmerecía en absoluto el recuerdo que pudiera tener de mí.

Vale, esto iba a ser más difícil de lo que esperaba.

Pero debía mantener la cabeza fría. Sólo se trataba de tomar un café.
Era importante demostrarme a mí mismo que podía pasar un rato de charla agradable con un chico guapo que me había gustado mucho meses atrás.

Y eso hicimos. Nos acomodamos en un café de Chueca y mantuvimos una agradable conversación, poniéndonos al día y probando nuestra capacidad de autocontrol.


Treinta y siete minutos más tarde, mandamos a la mierda el autocontrol y la agradable conversación y comenzamos a dar el espectáculo en el sofá del café donde nos encontrábamos. Antes de que nos echaran de allí por escándalo público (o de que nos aplaudieran, nunca se sabe...), le propuse ir a Farmville Proudville, el lugar donde nacen los sueños.

Su expresión cambió.
Y tuvimos una larga conversación.

04 febrero 2010

El Huracán Mery llega a Madrid

Segunda Parte

Tras introducir algo de alimento en nuestros etílicos y aún ebrios cuerpos, Mery anunció que necesitaba unos polvos.

Y nosotros, también, no te jode...

Pero no, se refería a comprar maquillaje, así que, como estábamos por la zona, fuímos al Corte Inglés de Nuevos Ministerios. Para los que no vivan en Madrid, es importante  aclarar que ese Corte Inglés, aparte de ser inmenso, está distribuido de tal forma que quien entre, se vuelva loco buscando alguna sección, los baños y la salida.

De hecho, mientras buscábamos la sección de cosmética, nos encontramos con el Fauno, con varios cadáveres de pobres desgraciados que intentaban salir al exterior y con David Bowie rodeado de de Goblins...

Eso sí, cuando llegamos, nos atendió un dependiento guaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaapísimo que, pese a trabajar en la sección que trabajaba, era bastante masculino. Ante una sencilla pregunta que le hizo Mery, el chico nos ofreció un Simposio sobre la aplicación del maquillaje femenino y masculino. Y nos regaló unas muestras.

Mi primer paso para convertirme en una mujer.

Tras limpiarnos las babas, buscamos la salida. Preguntamos a varias señoras dependientas que iban más maquilladas que Inma de Gran Hermano y, varias décadas más tarde, encontramos la salida. Decidimos tomar un café en Chueca y luego fuimos a dormir un rato a casa.

Esa noche teníamos la fiesta de cumpleaños de Orangeboy y allí me encontré con algunos de los Bukkukis. Y tras unas cuantas copas y unas risas, nos fuimos al Elástico, que pinchaba Guille Milkiway y los chicos de Jenesaispop.

El momentazo de la noche fue cuando, en un momento dado, me dí la vuelta y me encontré al mismísimo Guille, corazón y alma de La Casa Azul, hablando con Giorgio y Mery.
Me arrodillé ante él, de la misma forma que él hizo ante Rafaela Carrá cuando se presentó como candidato para representarnos en Eurovisión hace dos años, y estuvimos hablando con él un buen rato.

Majísimo, encantador, adorable...
Yo me sentía como una fan quinceañera rubia.

Y como todos los huracanes, Mery llegó, arrasó y dejó Madrid. Dejó tras de sí, un rastro claro de su presencia.
Ahora mismo estará devastando todo a su paso.

Sobre todo, los corazones de los pobres incautos que nos hemos cruzado en su camino.

03 febrero 2010

El Huracán Mery llega a Madrid

Primera Parte

Siempre que Mery Gaga viene desde mi querida y añorada Valladolid a visitar Madrid, la capital siente temblar sus cimientos ante esta fuerza imparable de la Naturaleza de infinita energía y que te conquista en cuanto te mira.

Y como la niña, para variar, traía ganas de quemar la noche, había que tenerla entretenida.

Afortunadamente, el viernes ya había planazo:  OYL en el Polyester, la fiesta de aniversario de Tony Tornado y un servidor ante los platos y la mesa de mezclas. Lo pasamos fenomenal y, al salir, hubo división de opiniones para escoger garito. Mery, Giorgio y yo optamos por ir al Delirio Live.

Allí trabaja un camarero que, en el futuro, me proporcionará largas noches de sexo, lujuria y desenfreno.

Lo sé, lo presiento.

Él finge una ligera indiferencia, pero, por otra parte, me complace con pequeños detalles. Por ejemplo, cuando le pido un Cacique con cola, pues me lo trae.

Y eso tiene que significar algo...

El caso es que mientras intentaba atraer la atención del camarero para llevármelo a la cama ganarme su corazón y, sobre todo, entre putivuelta va, putivuelta viene, Mery usó sus increíbles poderes, un don muy especial que consiste en encontrar a un hetero buenorro en el garito más marica y liarse con él mientras sus amigos sarasas (Giorgio y yo) no ligan en un local, recordemos, lleno de sodomitas...

Al salir del Delirio, nos encontramos con un amigo que nos invitó a su casa a tomar unas copas y aceptamos. Total, sólo habíamos tomado una o dos esa noche...
Nos acompañó un portugués que no recuerdo de dónde había salido. Era mono y le hacía ojitos a Giorgio, pero había algo en él que no me gustaba un pelo. Una de esas ocasiones en las que conoces a alguien y no te da buenas vibraciones... Así que se lo comuniqué a Giorgio y le aconsejé que no se liase con él.

Por supuesto, Giorgio hizo todo lo contrario.

Pero como el portugués no nos mató a todos, ni destrozó la casa de mi amigo, ni robó nada, cogí mi agudo sexto sentido y salí a la calle, porque algo en mí me decía que ya iba siendo hora de volver a casa y dormir algo.

Al salir, la luz del sol, el ruido del tráfico y la gente paseando por la calle me abrumaron. Mi reloj marcaba casi las 10 de la mañana, así que volé a Proudville a procurar algo de descanso a este cuerpo serrano.

El descanso no fue muy largo, ya que a las tres, me mandaron un SMS Giorgio y Mery, instándome a que me reuniera con ellos, ya que iban a comer fuera. Me duché, me vestí y salí a la calle con mi Iphone a todo volúmen, bailando por la calle, con una sonrisa estúpida y riéndome sin razón aparente.

Todavía estaba pedo.

No era el único: Giorgio y Mery también arrastraban una considerable melopea.

Lo que todavía no sabíamos es que esa misma tarde íbamos a enamorarnos los tres de la misma persona...

To Be Continued...