Nunca entendí a la gente que llora en las bodas. Debo reconocer que hasta me hacía gracia el hecho de ver a alguien derramar lágrimas mientras observa a los novios en el altar, como si, en lugar de asisitir a un feliz enlace, se encontrase en el funeral de un ser querido o en un concierto de Alex Ubago.
La vida no está carente de ironía y, tarde o temprano, nos pone a cada uno en nuestro lugar. Todas y cada unas de mis sonrisas y de mis pensamientos burlescos hacia los llorones nupciales se transformaron, mediante un complejo proceso kármico, en lágrimas que brotaban de mis ojos el fin de semana pasado.
Tony Tornado y
JL se quieren desde hace muchos años y el sábado anterior se subieron al altar para proclamar su amor ante sus familiares y amigos. El lugar elegido fue la sala
Coolroom, un sitio elegante y sofisticado como la pareja protagonista de la noche.
Pero la elegancia y el
glamour no eran exclusivos de la sala. Dejando aparte lo obviamente guapos que
iban / son los novios, los asistentes también derrochaban belleza. Mis queridos
Soliloco,
Parker,
Easyguy y
Peibols fueron testigos de mi puntualidad... pospuesta.
Una blanca y larga escalera (que más tarde adquiriría un estelar protagonismo) llevaba a la susodicha sala de un blanco Apple impecable bañado por luces de colores que realzaban el grano que, muy oportunamente, había emergido de mi nariz la noche anterior y obstaculizaba parcialmente mi visión periférica.
Tampoco es que eso me impidiera fijarme en el camarero Belami...
Abajo, estaban los Bukkukis. Todos como pinceles, elegantes, limpios...
guapísimos
elegantísimos
espectaculares
...
Mira, no hay palabras, ¿vale?
Y mientras el intercambio de miradas y el revolotear de querubines plantaban la semilla de futuras bodas, los novios de la ceremonia que nos ocupaba intercambiaban sus votos, provocando que prácticamente todos los asistentes tuviéramos que hacer uso de los kleenex.
De verdad, si me lo cuentan, no me lo creo.
Yo llorando en una boda!
Pero la verdad es que fue muy emotivo. Al igual que las palabras que pronunciaron la madre de JL y la hermana de Tony.
Y hasta aquí la parte emotiva.
Habíamos preparado una sorpresa a los novios: un flashmob de la canción In Your Eyes, de Kylie. Para ello, Fido, Dan y Chico Tóxico se habían currado un vídeo tutorial que, días antes, nos habían enviado por mail para que fuésemos desempolvando nuestras habilidades en lo que a baile se refiere.
A lo largo de la fiesta, organizábamos grupos de entre 6 y 17 personas y ensayábamos en los servicios.
Sí, como lo lees.
Era muy divertido ver la cara de los ajenos al flashmob que iban a mear y se encontraba a 17 lunáticos intentando mover las manos y los pies al unísono .
Más divertida fue, sin embargo, ver la cara de sorpresa de Tony y JL cuando decenas de personas ejecutaron el flashmob cuando sonó la canción con una fluidez de movimientos pasmosa.
O algo así.
Si no, que baje Pilar Rubio y lo vea...
Pero sí, menuda sorpresa se llevaron.
Otro momento subidón fue cuando sonó La revolución Sexual y subimos los Bukkukis al altar a bailar y saltar como locos, al igual que hicimos la noche que conocí a Tony y Adidas, el inicio de la Era Bukkuki.
Y no puedo dejar de mencionar la fantástica actuación de Peibols, Dan y Abuga a lo Sugababes y el multitudinario momento Your Disco Needs You en las escaleras.
La proudstada de la noche ocurrió cuando subí las escaleras para hacer alguna petición a Hidroboy, el DJ, resbalé con algo y me tiré casi todo el contenido de mi copa en la camisa. Glamour y decoro a raudales, sí, señor.
Pero allí estaba mi amadísimo Fido para verter voluntariamente la copa en su propia camisa para solidarizarse conmigo. Más adorable, imposible.
Rematamos la faena en el Elástico y el domingo quería morirme para terminar con mi agonía.
Pero qué bien lo pasamos!!!!
Felicidades a Tony y JL!
Hasta me dan ganas de casarme y todo!