Rodéate de lo mejor del pop de ayer, hoy y siempre de la compañía de Proudstar y La Ibu. Únete a The Poppie Bunch, trae tu mejor sonrisa y nosotros nos encargamos de que no pares de bailar.
¿Quién se anima?
23 junio 2010
22 junio 2010
Anatomía de Proud
Cuando mi madre me llamó el lunes pasado para anunciarme que dos días más tarde se tenía que someter a una operación, me entró un ataque de pánico mezclado con un arrebato de stress.
Pánico, por una parte, por mi madre. Aunque la operación, en principio, no era muy arriesgada, siempre te invade una sensación angustiosa cuando la salud de un familiar está en juego.
Por otra parte, el stress venía motivado ante la poca antelación con que le habían avisado. Como el billete de tren a Huelva York me salía por un pastizal, tuve que optar por irme en bus, disfrutando de las siete horas de viaje y de la compañía tan exclusiva que siempre, no sé por qué, te encuentras en los autobuses de largo recorrido.
Algún día volveremos sobre este tema...
Voy a obviar lo mal que lo pasé los dos primeros días, las horas interminables esperando a que mi madre saliera del quirófano y las nefastas perspectivas que nos presentó el cirujano al finalizar la operación. Sobre todo porque el drama nunca ha sido mi fuerte y porque mi madre, afortunadamente, está fenomenal y todo ha salido a pedir de boca.
Yo nunca he sido un gran fan de los hospitales. Sí, ya sé que a nadie le gustan, pero mi fobia es casi enfermiza. Cuando me encuentro en uno, me hallo en un estado continuo de tensión. Supongo que el hecho de haber estado gravemente enfermo y haberme pasado una buena temporada ingresado en uno cuando era pequeño, ha influido en mi repulsa. Resulta, pues, irónico que haya sido yo, de entre todos mis hermanos, el que más tiempo ha tenido que pasar en el hospital con mi madre. Más que nada porque era yo el único que no tenía que trabajar...
El tiempo en los hospitales parece detenerse.. o incluso ir hacia atrás. Como un capítulo de Lost dirigido por David Lynch. Da igual que te lleves un libro, el MP3 o el portátil para ver alguna peli. La sensación de eterna espera te atenaza y no te deja relajarte en ningún momento.
Series como Anatomía de Grey nos han hecho mucho daño.
¿Dónde está ese personal sanitario que se implica con el enfermo hasta un nivel personal, llegando a quedarse horas y horas hablando con el paciente sobre sus sentimientos o haciendo incursiones al domicilio de éste para intentar dilucidar el foco del contagio de su extrañísima enfermedad?
Por otra parte, las hormonas del personal sanitario no parece estar por las nubes, porque en ningún momento me encontré a los médicos follando en los servicios ni ningún enfermero o médico me tiró los tejos en los pasillos. Tampoco es que hubiera alguien remotamente parecido a Eric Dane...
Lo que sí abundaba en este hospital es algo que jamás verás en un capítulo de House o de Urgencias:
Las marujas andaluzas.
Son dignas de estudio. Siempre las encontrarás hablando, sobre todo en los hospitales y centros de salud, de dos temas posibles:
- El primero suele ser simplemente sobre lo falsa o lo mala que es otra persona. Generalmente, otra maruja andaluza que no se encuentra presente en ese momento.
- El otro es una mera competición entre las, al menos, dos contertulias para ver quién tiene más achaques, dolores o quién ha sufrido más en esta vida.
Hablar sobre uno de los temas, sin embargo, no excluye que, a continuación, se pase al otro.
Me exasperan y me fascinan a partes iguales.
No, espera.....
Creo que me exasperan más.
Y como las series de televisión no te preparan para lo que te espera ahí fuera, es mucho mejor cambiar el guión y reescribir tú mismo las partes del capítulo de tu vida que no te hayan gustado.
Mañana, por ejemplo, tengo un día muy atareado. En lugar de ir a la oficina, tengo que hacer que un avión se estrelle en una isla desierta y los únicos supervivientes seremos Jack, Sawyer, Eric Northman, Jason Stackhouse y yo.
¿Alguien tiene a mano el teléfono de Oceanic Airlines?
15 junio 2010
Todo el Mundo tiene un Pasado
Si le pidieras a alguien que me conoce que te hable sobre mí, tarde o temprano terminará diciéndote que soy una persona enamoradiza. De hecho, cualquier lector habitual de este blog sabe que muchos de los personajes secundarios de Proudstar in the City son pseudo - romances, si se me permite el eufemismo.
Así que supongo que proyecto la imagen de alguien fácil de enamorar.
Creo que, definitivamente, no hay nada más lejos de la Realidad.
Yo he estado enamorado una sóla vez en mi vida. A veces empleamos la palabra Amor con demasiada ligereza. Olvidamos que es un sentimiento profundo que no sabes lo que es hasta que te golpea con la solidez de la certeza.
La única relación estable que he tenido en mi vida fue larga y basada en el Amor y la devoción más absolutos. Parece que fue en otra vida y muchos de los que me han conocido soltero no pueden imaginar al pendón de Proudstar dedicándose a un sólo chico.
Hace unas horas me encontraba en la cama acompañado de un amante ocasional. Después de haber satisfecho nuestros instintos más bajos, nos hemos quedado en la cama, simplemente hablando. En un momento dado, me preguntó si echo de menos tener novio.
Y sí, tengo muchas ganas de volver a enamorarme de verdad.
Lo reconfortante de dormir abrazado a alguien.
Estar en la oficina pensando en las ganas de verle por la tarde.
Las miradas cómplices.
Las tardes de lluvia bajo la manta del sofá.
Decirle que le quiero y que él me responda lo mismo con la mirada.
Sentir que formo parte de otra persona.
Por favor, que todo eso venga pronto.
Prometo que esta vez no voy a cagarla...
11 junio 2010
Stress Pop
Mi relación con el despertador está atravesando una mala racha.. Estoy empezando a pensar que está viendo a alguien más. De hecho, me he fijado en las miraditas que le dirige al microondas.
El caso es que esta mañana no ha sonado y me he despertado veinte minutos antes de mi hora de entrada al trabajo. Así que me he vestido y me he aseado en un tiempo récord y he salido de casa como una exhalación.
Justo cuando estaba saliendo del portal, me sobresalté al escuchar el chirrido de un frenazo a un metro escaso de mí. La puerta de un enorme vehículo amarillo se abrió. Desde el interior, Beyoncé y Lady Gaga me invitaron a subir con un ademán y accedí sin pensármelo. La Pussy Wagon arrancó a toda velocidad y la fuerza de la inercia me empujó hacia atrás. Mientras Gaga me dedicaba una sonrisa traviesa, la de las piernas de ébano me dirigía una mirada seria.
You´ve been a very bad boy, Proudy. A very, very bad boy - se limitó a decir.
En ese momento, empezaron a llover miles de enormes globos de colores que invadieron la carretera. La Pussy Wagon frenó en seco y yo salí despedido a través del parabrisas. Caí sobre el mar multicolor en el que se había convertido la calle y seguí rebotando de globo en globo, siempre hacia adelante. Me percaté que, a mi lado, los chicos de La Casa Azul me acompañaban, también saltando y siempre sonriendo.
El último rebote me hizo aterrizar en la cinta transportadora de un supermercado que se puso en marcha, justo cuando me dí cuenta de que Madonna y Justin Timberlake se encontraban bailando en las cintas contiguas a la mía. Bajamos de un salto y seguimos nuestra coreografía perfectamente sincronizada por la calle hasta que, súbitamente, me ví rodeado por una multitud de chicos y chicas semi desnudos, besándose y tocándose entre ellos. Perdí la pista a Madonna y Justin, pero no había de qué preocuparse porque Kylie surgió alzada por los brazos de Todos Los Amantes que allí se encontraban y me señaló hacia adelante, indicándome el camino que debía seguir.

Cuando la dejé atrás, aparecieron de la nada Martina (la cantante de Dragonette) y Martin Solveig. Me agarraron cada uno de una mano y me acompañaron hasta la misma puera de mi oficina.
Sin duda, el stress con música, es menos stress...
El caso es que esta mañana no ha sonado y me he despertado veinte minutos antes de mi hora de entrada al trabajo. Así que me he vestido y me he aseado en un tiempo récord y he salido de casa como una exhalación.
Justo cuando estaba saliendo del portal, me sobresalté al escuchar el chirrido de un frenazo a un metro escaso de mí. La puerta de un enorme vehículo amarillo se abrió. Desde el interior, Beyoncé y Lady Gaga me invitaron a subir con un ademán y accedí sin pensármelo. La Pussy Wagon arrancó a toda velocidad y la fuerza de la inercia me empujó hacia atrás. Mientras Gaga me dedicaba una sonrisa traviesa, la de las piernas de ébano me dirigía una mirada seria.
You´ve been a very bad boy, Proudy. A very, very bad boy - se limitó a decir.
En ese momento, empezaron a llover miles de enormes globos de colores que invadieron la carretera. La Pussy Wagon frenó en seco y yo salí despedido a través del parabrisas. Caí sobre el mar multicolor en el que se había convertido la calle y seguí rebotando de globo en globo, siempre hacia adelante. Me percaté que, a mi lado, los chicos de La Casa Azul me acompañaban, también saltando y siempre sonriendo.
El último rebote me hizo aterrizar en la cinta transportadora de un supermercado que se puso en marcha, justo cuando me dí cuenta de que Madonna y Justin Timberlake se encontraban bailando en las cintas contiguas a la mía. Bajamos de un salto y seguimos nuestra coreografía perfectamente sincronizada por la calle hasta que, súbitamente, me ví rodeado por una multitud de chicos y chicas semi desnudos, besándose y tocándose entre ellos. Perdí la pista a Madonna y Justin, pero no había de qué preocuparse porque Kylie surgió alzada por los brazos de Todos Los Amantes que allí se encontraban y me señaló hacia adelante, indicándome el camino que debía seguir.

Cuando la dejé atrás, aparecieron de la nada Martina (la cantante de Dragonette) y Martin Solveig. Me agarraron cada uno de una mano y me acompañaron hasta la misma puera de mi oficina.
Sin duda, el stress con música, es menos stress...
08 junio 2010
Cuarenta y Cinco Minutos
Aparentemente puede parecer un tiempo insignificante, pero la verdad es que cuarenta y cinco minutos haciendo ejercicio aeróbico en la elíptica pueden dar para muchas vivencias. No entiendo la gente que dice que el gimnasio es aburrido y monótono cuando, en realidad, no dejan de pasar cosas a tu alrededor dignas del guión más trepidante de J.J. Abrams.
Parta empezar, mientras el sudor de mi cuerpo me recordaba que cada pedaleo me acercaba más a emular el cincelado cuerpo de Cristiano Ronaldo, he tenido tres ideas geniales.
No una ni cinco.
Tres.
Ideas que voy a empezar a aplicar en mi vida desde mañana mismo y que me harán mejorar como persona en varios aspectos. Podría explicar de qué se trata, pero prefiero ponerlas en marcha y ver cómo van funcionando. Porque, la verdad, para anunciar un fracaso siempre hay tiempo.
Además... ¿A quién no le gusta un sub-argumento inconcluso que sirve para dar más emoción a vuestro blog favorito?
Dando a luz estas ideas me encontraba cuando en mi campo visual aparecen dos de los cachitas de mi gym. Nunca es mal momento para mirarles. Siempre me he preguntado qué les hace tan especiales. No, en serio, lo de los cachitas guapos es una cosa sobrenatural. No hablo del típico tío hipermusculado como si le fuera la vida en ello, sino de estos cuerpos moderadamente esculpidos que a mí, particularmente, me parecen más apetecibles.
Los visualizáis, ¿verdad? Pues a ésos me refiero.
Porque yo me tiro mis cuarenta y cinco minutos de elíptica, hago mis tablas de ejercicios, levanto mis pesas, no hablo con nadie y acabo empapado en sudor, con la camiseta calada y oliendo a humanidad. Eso sí, no hay forma de quitarme las lorcillas y conseguir que aparezca la legendaria tableta de chocolate que sé que se esconde, agazapada, debajo de mis carnes.
Reconozco que si luego me apetece un Strawberry Cheesecake de Haagen Dazs, no me privo. Pero bueno, que me lo curro.
Sin embargo, los cachitas se pasan el rato hablando entre ellos. Porque eso sí, no les verás interactuar con alguien feo, ellos se relacionan sólo con miembros de su manada. Entre charla y charla, ya si eso levantan alguna pesa para justificar el pago de la matrícula.
Ah! Y, por supuesto, no sudan. Jamás verás sus camisetas de Armani o D&G empapadas o apestando a sudor. Tengo la teoría de que sudan Hugo Boss, si acaso...
Pues bien, pese a todo, míralos qué cuerpos lucen los cabrones, definiditos, duritos y con esa vena que recorre sus bíceps que despiertan mis instintos más vampíricos!
Como mirar fijamente la vena de alguien es de muy mala educación, desvié la mirada y viví el clímax del día de hoy. Un bonito y profundo momento que compensó con creces el sonido del despertador de esta mañana y el fatídico día que viví hoy en la oficina.
El culo más perfecto que jamás he visto.
Encerrado en unos shorts medianamente ajustados que no dejaban lugar a la imaginación (pero sin excederse en su labor embutidora), ese culo palpitaba con cada pedaleo que su dueño asestaba a la elíptica, ajeno al festín que yo (y seguramente algunos otros) me estaba dando. Cada pedaleo tenía la sensibilidad de una sinfonía de Mozart, la belleza de un cuadro de Van Gogh y la majestuosidad de la arquitectura Gótica.
Ese culo era ARTE.
Y mientras Dragonette ponía la banda sonora perfecta y yo daba las gracias a la disposición de los espejos y a la Ley de la Reflexión de la Luz, mis cuarenta y cinco minutos de ejercicio aeróbico llegaban a su fin.
¿Quién dice que el deporte no cultiva la mente?
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