30 julio 2010

De piedras y Tropezones

Cuando tienes por delante un fin de semana con el chico en el que has estado pensando últimamente, tus expectativas ascienden hasta niveles estratosféricos. El peligro de esto es que puede pasar como cuando te hablan muy bien de una película: vas al cine convencido de ver la obra maestra del siglo y sales decepcionado pensando que no era para tanto.

Por mucho que intente mantener la cabeza fría, me resulta imposible reprimir mi felicidad y mis ganas de ver a Ted de nuevo. El hecho de tropezar mil veces sobre la misma piedra no consigue que aprenda la lección, tan sólo que mi cabeza se endurezca como protección natural. En cualquier caso, prefiero seguir caminando aun a riesgo de romperme la crisma antes que quedarme quieto en la seguridad de mi asiento tapizado de miedo al fracaso.

Y no nos engañemos: en lo que a amores y sucedáneos se refiere, pocos arrastran una cadena de fracasos más larga que la mía.


Desde mi cama puedo ver la mochila que ya he preparado para este fin de semana. Va cargada no sólo de ropa y otras obviedades, sino, sobre todo, de expectante alegría y, por qué no, cierto regreso a la adolescencia (si es que alguna vez la abandoné).

La cuestión es si a la vuelta, aparte de ropa sucia, traeré una nueva ilusión que sea el inicio de una nueva y necesitada etapa en mi vida...

... o si, por el contrario, cargaré con una nueva y rutinaria decepción que sirva, no obstante, para volverme más duro ante futuras e inminentes caídas.

FIN DE LA SEXTA TEMPORADA

27 julio 2010

El resurgir de Meg

Al igual que pasa con la energía, el espíruitu de Meg Ryan no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Tras nuestra melodramática no-despedida en la estación, Ted y yo hemos mantenido el contacto. Cuando no tienes algo estable con una persona que no vive en tu misma ciudad y que, además, te gusta mucho, uno se mueve en terreno quebradizo, porque no cuentas con la ventaja de quedar con él para tomar algo, ir conociéndolo y tomando el pulso a la situación. Además, si tenemos en cuenta que tiene unos horarios algo infernales, la cosa se complica a la hora de hacerle una visita o de que venga él.

Durante días, estuvo planteándome la posibilidad de venir a Madrid a visitar a su padre (que vive aquí). La perspectiva parecía alentadora, él decía que tenía ganas de verme y mis expectativas iban creciendo a medida que los días iban pasando.

El gran hostiazo en la cara vino en forma de frase que me soltó Ted días antes de la supuesta visita a Madrid:

 Oye, al final, si voy, no sé si podremos vernos porque voy acompañado.

Ahá...

Me sentí decepcionado, triste y cabreadísimo al mismo tiempo. Tanto que no le pregunté por qué no íbamos a poder vernos ni, sobre todo, quién iba a ser su acompañante. De hecho, no le llamé en unos días. Pasaron los días en los que se suponía que iba a venir a Madrid y preferí no averiguar si estaba en la ciudad o no.

El viernes pasado hablamos. Me aclaró que al final no vino a Madrid y que pensaba venir con su hermano para pasar un par de días con su padre, así que resultó que mi enfado estaba injustificado, aunque él nunca ha llegado a saberlo.

En nuestras conversaciones, cada vez se hace más palpable que nos gustamos mucho. Procuro mantener la cabeza fría, pero con este chico no puedo y a medida que nuestras conversaciones han ido ganando en intimidad,  Meg Ryan ha resurgido con fuerza y ha vuelto a poseerme con mayor fiereza.

Este fin de semana, esta rubia de espíritu se va a Valladolid a reencontrarse con Ted. Me muero por volver a verle y poder, por fin, estar a solas. Y también me muero por tantear el terreno y asegurarme de que no me estoy metiendo en un jardín del que después no pueda salir... o del que me echen a patadas.

En cualquier caso, si todo sale como espero y si las cosas son lo que parecen, Castilla y León está a punto de salir ardiendo este fin de semana.

Eso si  Movistar no vuelve a interponerse entre nosotros, claro...

23 julio 2010

Calores, Resurgimientos y Licántropos

¿Os acordáis de la Primavera, aquella estación que estaba entre el Invierno y el Verano?
La verdad es que la echo de menos. Yo debo reconocer que el Verano no me gusta nada. El calor me convierte en un tío pasivo quita las ganas de todo. Salir a la calle se convierte en un esfuerzo titánico que acabo posponiendo hasta la noche. Total, que los días van pasando con la sensación de que me dedico a esquivar el calor escondido en las profundidades de Proudville.

Muy distinto sería todo si viviera en California, porque estaría con Kelly, Allison y Jake todo el día en la playa. Por las noches, iríamos a fiestas en piscinas mientras Robert se cuestiona su identidad sexual debido a un roce accidental de nuestras manos y Tori Spelling intenta encajar a pesar de haber repetido la ESO debido a su dislexia.

Hablando de los 90´s, me hallo en un estado de felicidad cercano al éxtasis debido a que mi grupo fetiche, Ace of Base (rebautizados como Ace.of.Base.) resurgen de sus cenizas. Eso sí, sin Jenny ni Linn, con dos nuevas chicas sacadas de un PopStars o algo así. A ver qué tal.

Imbuido por esta fiebre noventera, hoy me he machacado en el gym a ritmo de AOB y me he transportado a mi adolescencia, bailando con Giorgio, Marisa y sus hombreras en Valladolid e intentando desentrañar la letra de The Sign.

Qué feliz me hace su música!

Lo que no esperaba al salir del gym y doblar la esquina para ir hacia el metro era que sería arrancado súbitamente de la década de los 90 para encontrarme directamente inmerso en una escena de Twilight.

Caminando por la acera en dirección opuesta a la mía, un mancebo de no más de 21 años (sigh!)  se había despojado de su camiseta, como si de Jacob Black se tratase y mostraba un torso PER-FEC-TO que yo jamás tendré, pero que prometo idolatrar y recordar hasta que expire mi último aliento.

No sé si era un licántropo o no, pero lo cierto es que mis instintos vampíricos se despertaron y sentí la imperiosa necesidad de morderle el cuello... o un pezón. Afortunadamente, mantuve la compostura, el chico pasó a mi lado sin apenas mirarme y la ligera brisa de aire que levantó al pasar junto a mí fue el único contacto que mantuvimos.

Yo me puse malísimo del Eclipse y debo reconocer que se me levantó el Crepúsculo...

19 julio 2010

Karma dominical

Da igual si durante el fin de semana he salido mucho o he estado relajado, si tengo alguna preocupación o mi conciencia, sin embargo, está tranquila. Lo cierto es que los domingos por la noche me cuesta un horror dormirme, lo cual no deja de ser curioso, ya que tengo una facilidad pasmosa para caer en los brazos de Morfeo. Es una noche en la que me suelen visitar el fantasma de las navidades pasadas, el espíritu de las preocupaciones futuras y el espectro de los amores perdidos.

Y con tanta gente en Proudville, aquí no hay quien duerma...

El domingo por la noche me sitúa en una perspectiva desde la que observo no sólo lo que he hecho durante la semana, sino el camino que llevo recorrido y hacia dónde parece dirigirse mi vida. El problema es cuando observas que estás tomando un curso errático y no parece haber forma de aferrar el timón con fuerza y determinación.

Aunque también es cierto que la depresión dominical mezclada con insomnio no te otorga el más positivo de los prismas con los que otear tu horizonte kármico.

Así que, en momentos como éste en los que me doy cuenta del cariz tan sombrío que están tomando mis pensamientos, descarto el anodino recurso de contar ovejas y empleo mis energías en algo que relaje mi mente e inunde mi cuerpo de energía positiva.

Llegados a este punto, el único dilema al que estoy dispuesto a enfrentarme es...



Belami, Titan o Corbin Fisher?

13 julio 2010

Yo lo dejo caer....

Como todos sabéis, mi grupo favoritérrimo de todos los tiempos es La Casa Azul.

Por otra parte, como otros tantos sabéis, dos de mis personas favoritas son Fido y Dan.

¿No sería fantástico que los tres apareciésemos en el próximo videoclip del grupo del genial Guille Milkyway?


No, por nada...

09 julio 2010

El Paradigma de Meg - Capítulo final

Es curioso que cuanta más prisa tienes, más factores juegan en tu contra.

Al salir a la calle, el calor abrasador me golpeó. Las cuatro de la tarde no es la hora más conveniente para moverse de casa y, sobre todo, para correr como alma que lleva el diablo. Sin embargo, intenté ignorar la que estaba cayendo y me dirigí lo más rápido posible al metro.

Cuando llegué al andén, faltaban cuatro minutos para que llegase el tren. La temperatura no era mucho más agradable que fuera. Cuatro minutos, a priori, puede parecer poco tiempo, pero cuando tienes toda la prisa del mundo, toda espera se convierte en una desesperante agonía.

Sentí algo de alivio cuando llegó el metro, pero mi momentáneo respiro se vió truncado cuando el tren no se movió, sino que se mantuvo parado en mi estación durante un par de minutos. Consideré la opción de bajarme del vagón, echar al maquinista a patadas y conducir el tren yo mismo hasta la estación de autobuses, pero justo en ese momento el metro reanudó la marcha.

Tenía que hacer un intercambio en Cuatro Caminos, para pillar la línea 6 que me dejaría en la estación de Méndez Álvaro. Para quien no conozca la estación de metro de Cuatro Caminos, sólo diré que para acceder a la línea 6 hay que  bajar como cuatro tramos de escaleras mecánicas, lo cual convierte un cambio de línea en un viaje al Centro de la Tierra.

La gente se me quedaba mirando al verme pasar corriendo. Casi hago rodar por las escaleras a una chica cuyas enormes caderas apenas me dejaban sitio para pasar. Me disculpé sin pararme y seguí corriendo desesperadamente.

Dejen paso a Meg Ryan!!

Al llegar al andén de la línea 6, el indicador marcaba un tiempo de espera de seis minutos.
Lo tenía muy jodido para llegar a tiempo.

Llamé por enésima vez al móvil de Ted con la esperanza de poder hablar con él en el último momento, pero seguía contestándome la grabación de esa maldita operadora a la que tanto odio le estaba profesando. Mientras esperaba a que se consumieran los seis minutos, una señora miraba cómo me paseaba por el andén, intentando reprimir las ganas de gritar y maldecir.

El metro llegó y el viaje fue largo. La desesperación no es muy buena compañera de asiento. Además, me dí cuenta de que estaba sudando. Si finalmente llegaba a tiempo, lo de abrazarle no iba a resultar muy agradable para él, pero era un problema al que deseaba enfrentarme.

El metro llegó a la estación de Méndez Álvaro a las 16:25. En cinco minutos, saldría su autobús.

Salí del vagón como una centella, pero un mar de maricas con maletas que volvían a sus casas después del Orgullo se interponía entre las escaleras y yo.

Miré el reloj.
Las 16:26

Intenté avanzar lo más rápido que pude, pero era imposible.

¿Por qué traéis unas maletas tan grandes si sólo venís para el fin de semana, cabrones?

Eran las 16:28 cuando llegué. Eché un rápido vistazo a las taquillas, pero no le ví. Comprobé en el panel en qué dársena se encontraba su autobus.

Ahora sólo tenía que bajar hasta allí.

Mientras bajaba corriendo, el reloj marcaba las 16:29 y contemplé una imagen mental en la que llegaba al autobus justo cuando estaba cerrando las puertas. Yo agitaba los brazos para llamar la atención del chófer. El bus se detenía, Ted bajaba corriendo de él y me abrazaba mientras un fundido negro anunciaba el final feliz de la película.

16:30

Cuando llegué a la dársena, el bus de Ted simplemente... no estaba. 

El vacío que ocupaba su lugar fue una evidencia dura de aceptar. Fue entonces cuando me dí cuenta de que estaba jadeando y que me empezaban a fallar las piernas.

El calor, el sudor y el cansancio no eran nada comparados con la rabia, la tristeza y la impotencia que me oprimían el pecho. Decidí retirarme, derrotado a Proudville, pero antes hice una parada para ahogar mis penas en un doble Whopper.

Más tarde, Ted me llamó. Me explicó lo que ya había deducido, que su móvil se quedó sin batería.  Me dijo que tenía la esperanza de verme aparecer en la estación, pero como no sabía si me iba a acordar de la hora, se subió al bus con su amiga. Sólo unos cuantos segundos lograron separarnos.

Pero tenía que intentarlo. Si ese día más a su lado no ha existido nunca, no ha sido por no haber hecho todo lo posible.

Lo terrible de todo este asunto es que por mucho que me haya empeñado en emular a Meg Ryan, lo cierto es que apenas he llegado a ser Lina Morgan....

07 julio 2010

El Paradigma de Meg - 2ª Parte

No hay peor resaca que la que te deja la culpabilidad.

Porque no hay ibuprofeno, gazpacho o ducha fría que te haga sentir mejor cuando sabes que la has cagado, así que no tienes más remedio que apechugar con ello. Tampoco es que hubiera cometido una infidelidad, pues para eso hay que tener una relación, pero no podía evitar sentirme como una mierda.

Aquella tarde hablamos por teléfono. Le dije que tenía la Cena Anual Gay Pride con los Bukkukis en el Marichino y que luego le llamaría. No le noté demasiado entusiasmado y eso enturbió un poco la cena.

Cuando salí, le mandé un SMS y le llamé. No obtuve respuesta en toda la noche. Algo pintaba muy mal y ya pensaba que no volvería a verle. Me fue imposible pasármelo del todo bien aquella noche.

Al día siguiente, el sábado de la manifestación, me prometí no llamarle más. Para mi sorpresa, me llamó a las tres de la tarde, pero no me dió tiempo a cogérselo. Cuando le devolví la llamada, no me lo cogió él.

Estaba empezando a odiar a los móviles...

En la manifestación me lo pasé en grande y logré olvidarme del tema durante un rato, pero cuando llegamos a Plaza de España, me despedí de mis amigos y me volví a casa. No tenía ni fuerzas ni ánimos para salir aquella noche.

Al llegar a casa, me llamó Ted. Me preguntó qué planes tenía y le respondí secamente que me iba a quedar en casa. Me pidió que fuera e insistió para que nos viéramos, pero me mantuve inflexible.

Cuando colgué, recibí un SMS suyo:

Por favor, vente, tengo muchas ganas de verte

Treinta y cuatro minutos más tarde me presenté ante él en la plaza de Chueca.

Hablamos sobre lo que había pasado, sobre los desencuentros de los mensajes y la cobertura. Le dije que me sentó mal que no me hubiera respondido la noche anterior. Me pidió perdón y se escudó en el hecho de que estaba de juerga con sus amigas y no estaba pendiente del móvil, pero yo sabía que, en realidad, lo había hecho para castigarme por lo de la noche anterior.

Pasamos una noche fabulosa. Salí con él y sus amigas y volvimos a repetir el pasteleo, los besos y los abrazos de la otra vez. Pensé que era una pena que se fuera al día siguiente y justo cuando estábamos dando el espectáculo en uno de los sillones del V, se lo dije:

Quédate un día más.

Le propuse que pasáramos todo el domingo juntos en lugar de volver con su amiga a Valladolid por la tarde. Era factible, ya que él trabajaba el lunes por la tarde.

Y aceptó. Aquella noche se volvió al hostal con su amiga y quedamos en llamarnos al día siguiente después de comer, para acompañarla a la estación y empezar a pasar el resto del día juntos y a solas.

A la mañana siguiente me mandó un SMS de Buenos Días y yo estaba radiante ante la idea de pasar el domingo con él. Le llamé después de comer y justo cuando estábamos hablando de quedar, se cortó la comunicación. Le llamé, pero tenía el móvil apagado.

- No pasa nada - me dije - Tendrá poca cobertura...

Treinta llamadas más tarde empecé a preocuparme. Deduje que se había quedado sin batería. La putada era que no sabía dónde estaba y no tenía forma de localizarlo.

Me dieron ganas de darme cabezazos contra la pared de pura frustración y maldije a todas las compañías de telefonía por haberme jodido la vida durante esos días. Pasé horas dando vueltas en casa pensando qué hacer, pero no se me ocurría nada.

De repente, acudió a mi cabeza un flashback de la noche anterior.
Como en Lost.
Creí recordar que me dijo que a las 16:30 tenían que estar en la estación, pero no recordaba si había mencionado si volvían en tren o en bus.

Consulté la Web de Alsa y, efectivamente, había un bus con destino Valladolid programado para las 16:30.

Miré el reloj y comprobé que faltaban treinta minutos para que su bus saliera.

Y fue entonces, sólo entonces, cuando el Paradigma de Meg tomó forma dentro de mí.
Como si de una escena de una película romántica se tratase, acudiría a la estación. Él me vería aparecer en el andén corriendo y gritando su nombre. Nos fundiríamos en un apasionado beso y la gente nos aclamaría.

Ignoro si hay alguna escena así en su filmografía, pero Proudstar sería Meg Ryan y esta escena se incluiría en el montaje final de mi película.

Así que, sin más dilación, salí de mi casa como una exhalación e inicié una desesperada carrera en la que el Tiempo jugaba en contra del Amor Verdadero.

06 julio 2010

El Paradigma de Meg - 1ª Parte

Desde que estoy soltero, he adoptado la buena costumbre de pillarme libre la semana del Orgullo Gay para zorrear y emborracharme disfrutar de toda la oferta lúdica y cultural existente desde el miércoles hasta el domingo sin tener que preocuparme de volver a casa a una hora prudente. Debo confesar que me encantan estas fiestas: estar en la calle, conocer gente nueva, ver a amigos que viven fuera de Madrid y deleitarme la vista con chulos de todas las partes de España que vienen a lucir palmito y ahogarse en este mar de hombres hambrientos de sexo a apoyar la lucha por una sociedad donde los gays, lesbianas, transexuales y bisexuales no seamos discriminados.

Parece la ocasión ideal para que Proudstar pasee su soltería por las calles multicolor de Chueca, aleje de su cabeza cualquier preocupación mínimamente relacionada con el Amor y se lance a divertirse con sus amigos.

¿Acaso era posible que algo fuera a alterar semejante perspectiva?
La respuesta tiene nombre y apellidos (o pseudónimo, más bien....)

Sabía que Ted iba a venir al Orgullo y me había prometido a mí mismo tomarme las cosas con tranquilidad. Sobre todo, porque era consciente de lo mucho que me gustaba y de lo que me molesta la tensión sexual no resuelta mezclada con una importante dosis de mariposas en el estómago. Por supuesto, mi poder de autoengaño no es tan efectivo como para olvidar mi total falta de autocontrol emocional cuando un chico me interesa mucho...

El hecho de que Ted estuviera tan guapo no ayudó en nada.
Pero guapo guapo.

O sea... Dios, qué guapo!

Venía con una amiga de Valladolid que estaba deseando conocer chicas. Me tomé un par de cervezas con ellos y quedamos más tarde en el BY, donde me reuní con Tony Tornado, Soliloco y (oh, sorpresa!) por fin conocería al mítico Sota, que es majísimo y ya se ha convertido en un amigo más.

Ted reapareció minutos más tarde. Creo que estaba incluso más guapo que cuando nos separamos. De hecho, diría que su belleza aumentaba a cada minuto.

Curiosamente, terminamos un poco retirados del resto. Toda la tensión de meses, todas las veces que nos hemos llamado desde que nos conocimos y todo lo que nuestros ojos decían a gritos y que nuestras voces decidían obviar culminó, finalmente, en un beso que no sólo cubrió todas mis expectativas, sino que las arrasó con la fuerza energética de la central de Iberdrola de la Estrella de la Muerte.

De hecho, el resto de la noche Soliloco y Sota tuvieron que soportar nuestras generosas muestras de pasteleo y empalagamiento durante buena parte de la noche. Después, Ted se retiró a la pensión donde se alojaba y declinó la invitación que le hice para dormir en Proudville porque no quería dejar a su amiga sola la primera noche en Madrid. Así que nos despedimos y pospusimos la resolución de nuestra tensión sexual un poco más.

Al día siguiente, le mandé un SMS diciéndole en qué parte de Chueca iba a estar. El tiempo fue pasando y no obtuve respuesta, así que me decidí a llamarle, pero no me cogió el teléfono. Cuando volvimos a cambiar de sitio, le volví a informar mediante SMS, pero las horas iban pasando y sólo recibí la callada por respuesta.

Finalmente conseguí hablar con él. Me dijo que se retiraba a su habitación porque su amiga se encontraba mal y me aseguró que me había mandado varios mensajes. Yo, sinceramente, no le creí.

Es frustrante tener muchas ganas de ver a alguien y no recibir noticias de esa persona. Mucho más frustrante, sin embargo, es sentir que te está mintiendo.

 La frustración lleva a la  ira, la ira lleva al Rick´s y el Rick´s lleva a... liarte con otra persona.

Horas después, mientras dormía en Proudville con ese otro chico, a mi móvil llegaron varios SMS de Ted que, por alguna jugarreta del Destino y de Movistar, vagaron por el limbo del GSM y no llegaron a tiempo a su destino. De esta forma supe que Ted no sólo había contestado a mis mensajes, sino que, además, me había mandado varios preguntándome dónde estaba.

Yo aún no lo sabía, pero todos estos acontecimientos desembocarían, irremisiblemente, en el Paradigma de Meg

Algo para lo que, sin duda, no estaba preparado...