No podría demostrarlo, pero estoy seguro de que esta noche se coló en Proudville y me observó mientras dormía, buscando más señales que confirmasen sus sospechas. Tal vez dedicara gran parte de la noche a escrutar mis sueños y a escuchar lo que mi voz pudiera revelarle.
Esta mañana, al levantarme, no noté nada fuera de lo normal. Me duché, me vestí y fui a la oficina como cada día. El día fue duro, tenía mucho trabajo atrasado porque la semana pasada estuve de baja por culpa de una gripaza, así que la jornada prometía ser frenética.
No tenía ni idea...
Todo ocurrió muy rápido en realidad y el desencadenante fue la cosa más simple y absurda:
Un SMS que recibí en mi móvil.
Hola! estoy en mi descanso. Qué tal va tu día?
Nunca unas palabras tan sencillas causaron una sonrisa como la que se dibujó en mi cara.
Lo siguiente que recuerdo es un gran impacto en mi cara. Perdí la noción del equilibrio y acabé en el suelo. Escuché ruido de gente levantándose precipitadamente de sus asientos y alcé la vista sin entender nada.
Ante mí, una figura vestida totalmente de negro y con el rostro cubierto por un pasamontañas se erguía imponente. Yo no necesitaba desenmascarar a aquel personaje porque conocía perfectamente su identidad.
Y ahora ya tenía la información que buscaba.
Me incorporé rápidamente, aterrorizado. Estaba bloqueando mi camino hacia la salida. Mis compañeros aún no habían reaccionado ante el visitante ni ante la agresión que me había infrigido. Salté por encima de mi mesa e inicié una frenética carrera hacia la otra salida, la más alejada de donde nos encontrábamos.
La figura oscura se puso en marcha inmediatamente, a un paso más lento. Mis compañeros comenzaron a ponerse nerviosos y se interpusieron entre mi perseguidor y yo.
No sirvió de nada.
Guapo recibió un fuerte puñetazo que lo dejó KO. Mis compañeras del Protocolo Apolo nada pudieron hacer para frenar su avance. Yo intentaba utilizar el subidón de adrenalina en mi favor e intenté no detenerme. Subí las escaleras y llegué a la puerta que me conduciría al hall del edificio.
Mierda! Había olvidado mi tarjeta identificativa y sin ella no podía abrir la puerta...
En ese momento, la figura oscura apareció al pie de la escalera.
- Sabes que no puedes huir... - dijo su voz fría desde el otro lado del pasamontañas.
Yo me limité a tener un ataque de pánico y a cargar contra la puerta utilizando todo mi peso. Mi perseguidor hizo un chasquido con la lengua y empezó a subir las escaleras hacia mí.
- Eres mío...
Era inútil. Sin la tarjeta, no podía activar el lector que abría y cerraba la puerta, pero yo estaba demasiado desesperado para rendirme a lo inevitable. El hombro ya se me había dislocado, pero eso no impedía que siguiera golpeando, ávido de una falsa sensación de libertad.
La figura oscura alargó una mano y me agarró del cuello, levantándome varios metros. Con la otra mano, se quitó el pasamontañas. Tal como sospechaba, su identidad no fue una sorpresa para mí.
Su pelo rubio mantenía un peinado perfecto. Es como si nunca hubiera llevado ese pasamontañas. Sus ojos azules y aparentemente ingenuos me recibieron con una jovial sonrisa que contrastaba con el hecho de que me sostenía del cuello y que mis pies se contoneaban dos metros por encima del suelo.
Puso sus famosos morritos y, sabiendo que no me encontraba en posición de contestar, me obsequió con unas dulces palabras:
- No creerías que tía Meg estaría ausente mucho tiempo, ¿verdad, Proud?







