Bienvenido a un repaso del año que no hallarás en ningún programa de TV, radio o prensa escrita. El repaso a mis fracasos amorosos que han salpicado estos últimos 12 meses.
Todas mis esperas delante del móvil, mis plantones y las desapariciones de mis pseudo-ligues condensadas en este flamante
TOP 9 MAROMUS INTERRUPTUS 2010
- Oteando el horizonte desde el 9, Sambaguy menea las caderas para recordarme que los cuerpos perfectos a veces se rinden ante los placeres humanos, como hacían antaño los dioses de la mitología clásica. No fue exactamente un fracaso porque jamás quise nada con él más allá de bailar samba en un par de ocasiones, peeeeero no pierdo la ocasión de recordarle...
- Que Alcide Hervaux rechazase mi solicitud de amistad en Facebook es una de las humillaciones 2.0 de las que uno no se recupera facilmente. Aun así, le sigo idolatrando y le permito que siga copiando mis camisas...
- Los amores platónicos son bonitos porque los disfrutas sin recibir ningún palo, así que es justo que el Beautiful Stranger del metro, el Vecino y el Cachas del Tattoo del gimnasio ocupen los puestos 7, 6 y 5, respectivamente. Que se sigan paseando por mi vida mucho tiempo, que no molestan y adornan una barbaridad...
- Adán, el chico por el que se inició el Protocolo Apolo, al final actuó conmigo como todos: terminamos dándonos un revolcón y me terminó haciendo daño...
- Llegamos al top 3 de la mano de Ripp Boy, el chico de la agenda ocupadísima al que terminé borrando de la mía. Para perder el tiempo ya tengo el Facebook, graaaaciaaaas!
- Una de las grandes incógnitas durante estos días era saber si Rock Boy iba a ocupar algún lugar en este prestigioso Top.... y aquí lo tenemos ocupando un flamante segundo puesto tras darme largas y, finalmente decirme que no quería nada serio.
Ni que pensara llevarle a una conferencia de Física Cuántica...
- Y liderando la lista ocupando un merecidísimo Primer Puesto, encontramos a.....
TED!!!!!
La trama más apasionante del 2010 en la que no faltó ningún elemento para que el lector no despegase los ojos del monitor o de la pantalla de su Smartphone: encuentros, desencuentros, fallos de cobertura y carreras maratonianas a la estación... Nada de todo eso nos impidió seguir adelante con nuestra historia ya que, lo que realmente conseguiría separarnos fue... una lavadora.
Me cago en Balay!
Y hasta aquí el repaso a los batacazos sentimentales del año. No cabe duda de que el 2011 nos va a proveer de, al menos, otros 9 elementos para nutrir este gran clásico de la blogosfera en el que se ha convertido el Maromus Interruptus. Id haciendo la porra, que en cuanto suene la última campanada de Nochevieja, comenzará el tiempo para recolectar nuevas y divertidas decepciones.
29 diciembre 2010
28 diciembre 2010
The End
Las cosas, a veces, simplemente pasan.
Sin más.
Porque sí.
Tan ocupados estamos buscando la felicidad que, en ocasiones, no nos damos cuenta de que la felicidad nos busca frenéticamente y de que, si detuviéramos nuestro eterno deambular, al final acabaríamos por encontrarnos con mayor facilidad.
Eso ha sido lo que me ha ocurrido. Después de los acontecimientos que estoy a punto de narrar, ya no tiene sentido mantener este blog.
Disponeos a presenciar el capítulo final de Proudstar in the City:
El primer encuentro entre Perfect Guy y yo no se produjo en un bar de Chueca ni a través de una página de contactos gay. Fue fruto de la más maravillosa de las casualidades.
Hace unos meses, salía yo de la Biblioteca del Distrito de Retiro con un buen cargamento de libros de Filosofía Austro-Húngara y varios ensayos de Ciencias Políticas, que son temas que jamás faltan en mi mesilla de noche. Tan ensimismado caminaba yo pensando en el atracón intelectual que me daría al llegar a Proudville que terminé chocando con otro chico que iba en dirección opuesta. Mis libros terminaron desperdigados en la acera. Pese a que no había sido culpa suya, el chico se disculpó y me ayudó a recoger los libros.
Todo ocurrió tan rápido que yo ni siquiera me había fijado en él, pero al recoger los últimos libros, le miré de soslayo y me encontré con una mirada verde dirigida a mí, también a escondidas. Al hacerme entrega del último libro, nuestros dedos se rozaron y el Universo emitió un suspiro cósmico que sólo pudimos oír él y yo.
Al ponernos en pie, descubrí que me hallaba ante un chico tan alto como yo y que, definitivamente, amortizaba el gym mucho mejor que un servidor. Sus ojos verdes me observaban desde el cristal de unas gafas donde ví reflejada mi automática admiración. Él volvió a disculparse y yo le propuse tomar un café para agradecerle su ayuda.
Accedió.
Durante nuestra conversación, me contó que era médico, aunque había trabajado como bombero una temporada, sacando las mejores puntuaciones en las pruebas físicas. Y, aunque dejó claro que era un chico culto, también manifestó su interés en los videojuegos, los cómics y La Casa Azul.
Estuvimos hablando durante horas y llegó el momento de salir de la cafetería. Yo temía la separación y, dado que no tenía nada que perder, decidí besarle sin más. Él me devolvió el beso por triplicado. Terminamos haciendo el amor apasionadamente en su ático en la glorieta de Bilbao.
Comprobé por qué había sacado las mejores marcas en las pruebas físicas de bombero.
Pasamos una noche de ensueño. Al día siguiente, me preparó el desayuno y me lo llevó a la cama, tras despertarme con un beso. Sin embargo, el desayuno venía con malas noticias. Perfect Guy estaba muy involucrado con un ONG que le mantendría en África durante un año... y se iría en dos días. Tras superar el shock inicial, decidimos apurar los dos días que nos quedaban para estar juntos. Fue todo muy intenso, un torbellino de pasiones que nos arrastró sin remedio a sitios donde nunca antes habíamos estado.
La última noche, Perfect Guy me dijo que se había enamorado de mí y que le esperase, que volvería a buscarme.
La despedida en el aeropuerto fue larga y muy amarga. Él cruzó la puerta de embarque con lágrimas en los ojos y se fue a ayudar a los niños necesitados, dejando atrás un corazón hambriento.
Durante todo este tiempo no hemos dejado de escribirnos y de afianzar este sentimiento tan bonito que nos profesamos, pero yo no podía conformarme con eso. La espera cada vez se hacía más insoportable y no sabía cuánto tiempo podría soportar ese dolor.
Pero, a veces, la vida premia nuestra paciencia.
Ayer me encontraba solo en casa de mi madre en Huelva, donde estoy pasando las vacaciones de Navidad. Llamaron al timbre y cuando abrí la puerta, me encontré con aquella mirada verde que tanto anhelaba. Tras besarnos apasionadamente, Perfect Guy se arrodilló y, mientras me enseñaba un flamante anillo, me pidió que me casara con él.
La ceremonia se celebró esta mañana. Mis familiares y los suyos estuvieron presentes y fue el día más feliz de mi vida. En estos momentos nos hallamos camino a nuestra Luna de Miel, que espero que dure muchos muchos años.
Proudstar in the City termina así una andadura de varios años. Soy consciente de las muchas tramas inconclusas, muchos enigmas sin explicación, y muchos personajes secundarios que no han sido del todo desarrollados.
Pero soy fan de Lost, y lo importante es que todos lloréis con el final.
Y fueron felices y comieron perdices...
FIN
26 diciembre 2010
El Revolcón navideño
Estaba convencido de que la Fiesta de Navidad de mi empresa no podía traer nada bueno. Sabía que mezclar alcohol, compañeros de trabajo, jefes y un compañero nuevo buenorro me iba a ocasionar algún que otro problema. No desconfío de mi capacidad de autocontrol. Dadas las circunstancias, me porté de maravilla.
De hecho, lo que menos esperaba es que Adán se abalanzase sobre mí en mitad de la calle y terminásemos el uno sobre el otro (él sobre mí para más datos) tirados en la acera con dos testigos de excepción: mi absoluta excitación al notar la dureza de su cuerpo....
Y su novia, que nos contemplaba atónita a metro y medio de distancia.
Las historias, por supuesto, hay que contarlas desde el principio.
Ese miércoles, unas cuantas horas antes, yo salí precipitadamente de la oficina. Tenía que llegar a casa, asearme, ponerme el traje y salir pitando al cóctel. Una vez en Proudville, tuve un momento de duda y se me pasó por la cabeza la idea de quedarme en casa de relax, pero otra idea más poderosa iluminó las sombras de mi vacilación...
Barra Libre.
Llovía copiosamente y me costó bastante encontrar el lujoso sitio donde se celebraba el evento, pero llegué justo a tiempo para perderme el tedioso discurso anual de la presidenta de la compañía, así que Dior bendiga la lluvia...
Me reuní con mis compañeros y, poco a poco, iniciamos el proceso de alcoholización y exaltación de la amistad. Es curioso que lo que normalmente dé morbo sean los uniformes y, aquella noche, lo que me dio morbo fue ver al segurata buenorro vestido de paisano, con una camisa apretadísima que le sentaba tan bien que yo creo que debía ser ilegal o algo.
Adán se encontraba también por allí. Como era el único de su departamento presente en la fiesta, me ocupé de que se encontrase integrado y lo arrastré a nuestro grupo. Yo me había propuesto que una vez que se terminase la barra libre, me volvería a Proudville, ya que al día siguiente tenía que currar y luego tenía que pillar un tren rumbo a Huelva York y a unas plácidas Navidades.
El caso es que Adán me convenció para que me fuese de marcha con él... y su novia, que se coló en la fiesta a última hora y que me cayó genial, pese a ser la que se estaba tirando actualmente a semejante cuerpo.
Mi débil voluntad me llevó a un bar hetero en Iglesia donde ponían Fito y los Fitipaldis y nunca habían oído hablar de Robyn, pero la verdad es que me lo pasé genial con la pareja. La chica de Adán, aparte de ser un bombonazo, era encantadora y congeniamos en seguida.
El momentazo de la noche vino cuando salimos del garito y Adán me pidió que le cogiese a caballito.
Sí, lo que has leído.
Yo accedí, pero no esperaba que 3 milésimas de segundo más tarde estuviera montado en mi espalda. Teniendo en cuenta lo perjudicado que estaba y mi soprendente habilidad motriz, es lógico pensar que terminé cayendo de bruces, con mi atractiva-pero-pesada carga sobre mí. Terminamos escojonados en el suelo, pero mi traje acabó hecho una mierda y me hice daño en un dedo.
No era ésta exactamente mi idea de un revolcón con Adán...
De hecho, lo que menos esperaba es que Adán se abalanzase sobre mí en mitad de la calle y terminásemos el uno sobre el otro (él sobre mí para más datos) tirados en la acera con dos testigos de excepción: mi absoluta excitación al notar la dureza de su cuerpo....
Y su novia, que nos contemplaba atónita a metro y medio de distancia.
Las historias, por supuesto, hay que contarlas desde el principio.
Ese miércoles, unas cuantas horas antes, yo salí precipitadamente de la oficina. Tenía que llegar a casa, asearme, ponerme el traje y salir pitando al cóctel. Una vez en Proudville, tuve un momento de duda y se me pasó por la cabeza la idea de quedarme en casa de relax, pero otra idea más poderosa iluminó las sombras de mi vacilación...
Barra Libre.
Llovía copiosamente y me costó bastante encontrar el lujoso sitio donde se celebraba el evento, pero llegué justo a tiempo para perderme el tedioso discurso anual de la presidenta de la compañía, así que Dior bendiga la lluvia...
Me reuní con mis compañeros y, poco a poco, iniciamos el proceso de alcoholización y exaltación de la amistad. Es curioso que lo que normalmente dé morbo sean los uniformes y, aquella noche, lo que me dio morbo fue ver al segurata buenorro vestido de paisano, con una camisa apretadísima que le sentaba tan bien que yo creo que debía ser ilegal o algo.
Adán se encontraba también por allí. Como era el único de su departamento presente en la fiesta, me ocupé de que se encontrase integrado y lo arrastré a nuestro grupo. Yo me había propuesto que una vez que se terminase la barra libre, me volvería a Proudville, ya que al día siguiente tenía que currar y luego tenía que pillar un tren rumbo a Huelva York y a unas plácidas Navidades.
El caso es que Adán me convenció para que me fuese de marcha con él... y su novia, que se coló en la fiesta a última hora y que me cayó genial, pese a ser la que se estaba tirando actualmente a semejante cuerpo.
Mi débil voluntad me llevó a un bar hetero en Iglesia donde ponían Fito y los Fitipaldis y nunca habían oído hablar de Robyn, pero la verdad es que me lo pasé genial con la pareja. La chica de Adán, aparte de ser un bombonazo, era encantadora y congeniamos en seguida.
El momentazo de la noche vino cuando salimos del garito y Adán me pidió que le cogiese a caballito.
Sí, lo que has leído.
Yo accedí, pero no esperaba que 3 milésimas de segundo más tarde estuviera montado en mi espalda. Teniendo en cuenta lo perjudicado que estaba y mi soprendente habilidad motriz, es lógico pensar que terminé cayendo de bruces, con mi atractiva-pero-pesada carga sobre mí. Terminamos escojonados en el suelo, pero mi traje acabó hecho una mierda y me hice daño en un dedo.
No era ésta exactamente mi idea de un revolcón con Adán...
22 diciembre 2010
Amigo Invisible y visibles intenciones
Cuando hace uno días tuve que escoger un papelito que me revelaría la identidad de la persona a la que tendría que regalar algo en el Amigo Invisible de mi oficina, el Fantasma de las Catástrofes Futuras hizo su aparición y guió mi mano hacia la elección que menos me convenía.
Soy una de esas personas que adora la Navidad y toda la parafernalia que gira a su alrededor (excepto los villancicos e ir de compras por el centro de Madrid). Me devuelve a la infancia: la ilusión de los regalos, la esperanza de que en el nuevo año serás mejor persona y tus deseos se cumplirán.
Y el Amigo Invisible que organizamos todos los años en la oficina.
¿Qué le voy a hacer? Me gusta y me divierte.
Todos los años tengo suerte con la persona a la que me toca regalar.
En esta ocasión, no he sido afortunado.
Mira que había gente donde elegir.
Pero no, tuve que escoger el papel con su nombre.
Adán.
El nuevo (y único) chulo de la oficina, causante de que se desplegara El protocolo Apolo. La persona a la que menos conozco y a la que más deseo de toda mi oficina. Sentimientos encontrados en una coctelera de emociones que se une a mi más absoluta falta de imaginación a la hora de hacer regalos, sobre todo si se trata de un hetero buenorro con novia que me hace chorrear Coca-Cola cada vez que pasea su cuerpazo por los pasillos.
Siguiendo el consejo de un compañero, decidí hacerle un regalo que yo también pudiera disfrutar. Y dado que he descartado los aceites para masajes por razones obvias, me decanté por comprarle una camiseta.
Una talla más pequeña.
La entrega de los regalos es mañana y, en principio, se me va a olvidar comentarle que si la camiseta le está demasiado apretada, tengo el ticket para que la cambie...
La Navidad saca lo mejor de mí...
15 diciembre 2010
Rock Boy
Hay una o ninguna ocasiones en la vida en la que te encuentras frente a un chico de portada de revista que, sin previo aviso, se muestra interesado en ti. Un pivonazo que ni en tus mejores sueños se habría dignado a dirigirte una mirada de soslayo, de repente, se vuelve corpóreo en la Realidad y se dedica a cubrirte de besos, mandarte mensajes y prestarte atención.
Piel suave.
Por supuesto, mi vida no es tan maravillosa y siempre hay un pero...
Rock Boy tiene una doble vida: de día es actor y de noche trabaja en una empresa de gestión de servicios. Eso, por supuesto, le convierte en uno de los seres más ocupados de la Biosfera. Nos conocimos por internet, durante una de sus largas guardias nocturnas.
Sus fotos y su físico llamaron mi atención.
Su conversación me mantuvo despierto aquella noche hasta las cinco de la mañana...
Quedamos días después. Cuando le ví en persona, comprobé que era aún más atractivo que en las fotos y que no pertenecía a ese grupo de personas cuyas fotos de perfil tienen más efectos especiales que Avatar. Tomamos unas cervezas y mantuvimos una agradable conversación durante un par de horas.
Encantador, adorable, inteligente...
Y qué ojos, qué boca...
Me quedé prendado.
Aquel primer día no pasó absolutamente nada.
La segunda cita fue casi dos meses después.
Sí, así de ocupado está...
En esta ocasión, fue un pack completo de cena + cine + copa.
Fue muy agradable comprobar que le hacía reir de forma natural y que, al mismo tiempo, su sonrisa me inspiraba confianza. Fue la primera vez en años que tuve la tentación de hacer manitas en el cine, pero como todavía no había pasado absolutamente nada, no quería dar la impresión de que tenía quince años mentales.
(Aunque los tenga a veces, pero eso no tenía por qué saberlo aún...)
Tras la peli, fuimos a tomar algo a un sitio tranquilo. Yo sabía que el momento de darle un beso se estaba acercando y tenía la sensación de que iba a tener que tomar la iniciativa. Los instantes previos al primer beso son terribles y, al mismo tiempo, intensamente dulces.
Estábamos hablando. Mis ojos y los suyos no dejaban de encontrarse y yo buscaba en su mirada una invitación y, la verdad, sólo faltó que me entregase un flyer, así que me lancé a probar sus labios.
Besar es cosa de dos y está claro que para que se produzca un buen beso, los dos implicados deben ser capaces de desenvolverse con soltura.
Yo me considero un buen besador.
Él besaba de fábula.
Fue unos de los mejores besos que recuerdo y nos entregamos a él durante minutos sin fin, sin decir nada, sin despegar nuestros labios. Mientras mis labios y mi lengua se entregaban a tan placentera labor, mis manos cabalgaron su cuerpo a golpe de caricia. Descubrí que lo que sospechaba era cierto.
Piel suave.
Cuerpo duro.
Rock Boy.
Llegó un momento en el que tuvimos que parar o corríamos el riesgo de que nos arrestasen por escándalo público, así que salimos del garito cogidos de la mano, paseamos un rato y nos despedimos.
La tercera cita fue una semana más tarde. Esta vez quedamos para cenar en Proudville (el lugar donde nacen lo sueños) y fue, sencillamente, la mejor cita de mi vida. La conversación durante la cena fue deliciosa.
Y el postre también.
Tuve un pequeño ataque de inseguridad cuando Rock Boy se quitó la camiseta. Porque yo tengo mi punto y tal, pero carezco de tal despliegue de dorsales, pectorales, abdominales... todo bien marcadito y en su sitio. O bueno, sí que lo tengo, pero oculto bajo unas adorables lorcillas.
El caso es que recordé que dichas lorcillas ya habían sido más que sobadas en nuestra cita anterior y lo que llevábamos de ésta, así que me relajé y disfruté.
Disfruté mucho.
En efecto, tener un cuerpo no-fibrado no fue ningún inconveniente en absoluto...
¿Qué diferencia este chico de los otros trescientos que han terminado olvidándose de mí?
Muchas cosas.
Para empezar que, pese a estar tan ocupado, me manda mensajitos y me llama regularmente. Cierto es que han habido un par de pseudo-ataques de pánico ante la ausencia de noticias suyas durante algunos días, pero todo termina en un susto. Nuestras conversaciones no son en plan decirnos cositas (todavía no estamos en ese punto, ojalá lleguemeos....) sino más bien de contarnos cómo ha ido el día.
Yo en general lo llevo bien. Tengo ganas de verle, pero toca ser paciente y lidiar con su complicadísima agenda. Estoy haciendo caso a un amigo muy sabio de color naranja y dejo que todo fluya, disfrutando cada momento con él como si fuera el último.
Pero el miedo y la inseguridad son parte substancial del Paradigma de Meg. Ahora que se acerca el final del año, uno se pregunta si Rock Boy engrosará alguna posición importante en el Top de Maromus Interruptus 2010 o si, por el contrario, podré escribir una serie de posts en los que narre el principio de algo importante.
Ése sería un buen final de temporada...
¿Qué diferencia este chico de los otros trescientos que han terminado olvidándose de mí?
Muchas cosas.
Para empezar que, pese a estar tan ocupado, me manda mensajitos y me llama regularmente. Cierto es que han habido un par de pseudo-ataques de pánico ante la ausencia de noticias suyas durante algunos días, pero todo termina en un susto. Nuestras conversaciones no son en plan decirnos cositas (todavía no estamos en ese punto, ojalá lleguemeos....) sino más bien de contarnos cómo ha ido el día.
Yo en general lo llevo bien. Tengo ganas de verle, pero toca ser paciente y lidiar con su complicadísima agenda. Estoy haciendo caso a un amigo muy sabio de color naranja y dejo que todo fluya, disfrutando cada momento con él como si fuera el último.
Pero el miedo y la inseguridad son parte substancial del Paradigma de Meg. Ahora que se acerca el final del año, uno se pregunta si Rock Boy engrosará alguna posición importante en el Top de Maromus Interruptus 2010 o si, por el contrario, podré escribir una serie de posts en los que narre el principio de algo importante.
Ése sería un buen final de temporada...
13 diciembre 2010
Vallas blancas
Lo malo de tener un blog de tono tan personal en el que sólo se habla de lo que se habla, es que los lectores pueden llevarse la errónea idea de que soy una persona obsesionada con encontrar novio, casarme y vivir en una casita con jardín y vallas blancas donde mi pequeña niña china adoptada pueda jugar mientras la observamos mi marido y yo desde la ventana, cogidos de la mano y disfrutando de un bonito atardecer que presagia otra entrañable cena en familia.
Como decía, mi sueño no se parece en nada a eso.
No.
Para nada.
En serio.
Y, desde luego, no centro mi vida en la necesidad de encontrar novio. Otra cosa muy diferente es que, de manera ocasional, pueda llegar a colarme de forma moderada por alguien.
De vez en cuando.
Uno es muy sociable y conoce a mucha gente, así que, estadísticamente, es fácil interesarse por algún chico. Son meras matemáticas. Os lo podría explicar, pero soy de letras...
El caso es que la gente me señala, me apunta con el dedo, susurra a mis espaldas me dice, a veces en tono casi recriminatorio, que soy demasiado enamoradizo.
Pues mira, sí lo soy.
Dejando aparte el hecho de que es algo que no puedo evitar, hoy aprovecho la ocasión para levantar la voz y decir con orgullo que NO quiero evitar ser cómo soy. Me da igual que luego se vayan a por tabaco y no vuelvan... o que prefieran poner una lavadora antes que pasar tiempo conmigo....
Prefiero caerme mil veces antes que perder la oportunidad de sentir las cosas que he sentido y que, sin duda, sentiré. Y a quien le parezca mal o le resulte ridículo, que se lo haga mirar...
Llevo días planteándome si contarlo o no por un irracional miedo a gafar la historia y tener que volver a contar un final triste, pero no puedo aguantar más.
Ser bloguero es lo que tiene.
¿No os parecía raro que llevase una temporada sin contar ningún idilio?
Dejad que os hable de Rock Boy...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





