Mi adolescente trasero estaba sentado sobre la frondosa hierba, a la orilla del lago. En aquella época, yo vivía en Laguna de Duero, un pueblo que, antaño, estaba situado a tres kilómetros de Valladolid, pero que hoy, debido a su crecimiento, ya casi se ha convertido en un barrio periférico de la capital.
Seguramente mis apuntes estaban desperdigados en el césped, junto con mis ganas de estudiar y me encontraba entregado a tareas más interesantes, como tomar el sol y charlar con mi amigo Giorgio mientras observábamos con interés a los patos revoloteando en el agua. Con toda seguridad, Isa llegaría con esa flamante sonrisa de serie que siempre aporta calidez y paz interior y se sentaría con nosotros. En algún momento, yo me adueñé de su cuaderno y le escribí alguna chorrada acompañada de un dibujo. Puede que Rubén llegara en bicicleta dándome envidia con el último juego de Megadrive que se había comprado y, probablemente, aparecieran Luengo y Marisa y terminásemos, juntos, compartiendo risas y confidencias bajo el crepúsculo.
El tiempo no logró arrastrar el cariño y la amistad tan profunda que siento por ellos y que, todavía hoy, disfruto y profeso, pero, inevitablemente, se llevó de mi memoria el recuerdo de esa agradable tarde que sería el inicio del mejor verano de mi vida.
Diecisiete años más tarde, gracias a las redes sociales, vuelvo a ser un adolescente y, por un momento, vuelvo sentir la hierba y a disfrutar de la brisa que provenía del lago. El motivo es que, milagrosamente, aquella hoja de cuaderno que escribí a mi amiga Isa, ese trocito de pasado aparentemente nimio y sin importancia cobra un significado especial al ser rescatado del olvido. Giorgio e Isa lo colgaron hace unos días en Facebook y la verdad es que me emocionó que ella lo guardase con cariño.
Podríamos decir que esta hoja de papel es el preludio de Proudstar in the City. Dejando de lado el hecho de que mi horrorosa letra parecía augurar un futuro más orientado hacia la Medicina, me sorprende ver que algunas expresiones las sigo utilizando a día de hoy. De hecho, sigo teniendo la costumbre de dejar notitas en las mesas de mis compañeras de trabajo con alguna chorrada que les haga sonreir.
Mi amiga Isa, la destinataria de esta reliquia de los 90, tendría un año más tarde uno de los gestos más bonitos que jamás nadie ha hecho por mí.

5 susurros:
verano del 94! madredelamorhermoso!
Ese "¿A que sí?" lo oigo como si estuvieras sentado aquí a mi lado
Increible que lo arrastres desde hace tanto!
Por cierto, no sabía que dibujabas tan bien!
tiquití!
Qué chulo! :_)
El del dibujo eres tú? Queremos foto de la época, :-)
Cuando te encuentras un trozo del pasado como éste es inevitable sentir que te has montado en la máquina del tiempo.
Y qué suerte conservar a los amigos de entonces.
No me extraña que lo guarde con cariño, menuda sorpresa encontrarlo en el cuaderno! Por cierto, ¿has seguido dibujando? Porque está chulísimo, parece que se le va comer una nube con las gotas de agua a tutiplén!!
ayyy,mi sevi,gracias por esas palabras queme han hecho llorar,sabiendo que un gesto sin importancia,te pueda haber alegrado,y te haya emocionado,te quiero dani
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