01 septiembre 2011
El Cementerio de mis Sueños
Una fuerte sacudida me hizo abrir los ojos.
Lo primero que deduje fue que me encontraba en un vehículo en marcha, pues oía un ruido de motor y notaba el traqueteo que hacía que mi cuerpo se agitase levemente. Mi paladar retenía un gusto agrio y la cabeza no sólo me dolía, sino que además no podía pensar con claridad y tenía la vista borrosa. Durante unos segundos no fui capaz de dar forma a mi entorno. Todas las evidencias podrían haberme llevado a pensar que alguien me había drogado y me había secuestrado, metiéndome en un coche hacia un destino incierto, pero eso significaría que soy una persona de cierta relevancia, así que no dejé volar mi imaginación. Lo cierto era que estaba demasiado acostumbrado a esa sensación y, francamente, tardé poco en ser consciente de lo que estaba ocurriendo:
Era viernes por la noche y la tremenda borrachera que me había pillado me hizo caer dormido en el búho...
Toqué el timbre para indicar al conductor que me bajaría en la próxima y me levanté como pude, agarrándome a todas las barras de sujeción hasta llegar a la puerta. Afortunadamente, el autobús estaba prácticamente vacío, así que nadie fue testigo de mi extraordinario despliegue de movimientos ágiles y fluídos.
Me apeé del vehículo. Nada más salir, me golpeó una abrumadora oscuridad y eso, unido al hecho de que no uso lentillas porque me hacen mucho daño, me hizo muy difícil enfocar la vista para discernir dónde me encontraba.
No habría estado mal preguntarme eso antes de abandonar el bus...
Poco a poco, mi sentido de la visión empezó a funcionar todo lo bien que el alcohol y la miopía le permitían y ante mí se formó la imagen de una ancha carretera en la que no había.... nada. No había edificios a la vista, el alumbrado público era bastante escaso y lo único que aparecía ante mí, a lo lejos, era una rotonda coronada por un árbol.
Una de las ventajas de vivir en la era de las telecomunicaciones, las redes sociales y la geolocalización es que es muy difícil encontrarte perdido en mitad de la nada, así que me dispuse a sacar el Iphone para averiguar dónde estaba. Fue entonces, sólo entonces cuando, con el rabillo del ojo, vislumbré una construcción a mi izquierda. Se trataba de una verja metálica que recorría todo el largo de la acera donde me encontraba hasta perderse en la distancia. La verja sólo era interrumpida por un arco de piedra que se encontraba a escasos pasos de mí. Tras la verja había una extensión de césped. Pude apreciar varios bloques de piedra diseminados en el suelo. Al principio no supe qué eran, pero cuando me percaté de que los árboles que predominaban eran cipreses, me dí cuenta de que se trataba de tumbas.
A mi mente acudieron unas palabras que siempre dice mi madre: "Hay que temer más a los vivos que a los muertos". Dejando aparte el hecho de que mi madre nunca ha visto The Walking Dead, la verdad es que esa frase no me consolaba nada. Los camposantos siempre me han acojonado bastante hasta el punto de no haber vuelto a ver la lápida de mi padre desde el día de su entierro.
Los caminos del alcohol son inexcrutables y, aunque yo creía haberlos recorrido todos, lo cierto era que nunca me había encontrado borracho, perdido y solo en un cementerio de Madrid. Saqué el Iphone para intentar orientarme y observé mi cara demacrada en el reflejo de la pantalla. Si Buffy hubiera estado por allí, sin duda me habría clavado una estaca, porque mi aspecto era más cercano a un Hijo de la Noche que a una persona cuyo corazón bombea sangre caliente. La pantalla del móvil no se encendía y maldije a Grindr por ser el culpable de haberme quedado sin batería.
Estaba a punto de caer en la desesperación. Me encontraba solo, sin posibilidad de saber dónde estaba ni llamar a alguien para que me ayudase. Además, corría el riesgo de ser devorado por un zombie o que un vampiro nórdico como Erik Northman me obligase a satisfacer todas sus perversiones sexuales, a cual más retorcida.
Eeeeehm... vale, eso último no entra dentro de mis temores precisamente...
El caso es que me encontraba en una situación de la que no sabía cómo salir y justo cuando estaba a punto de desesperarme, de repente, me desperté en mi cama. Miré a mi alrededor y ví que la ropa que llevaba puesta antes se encontraba desperdigada por Proudville. Intenté recordar cómo había regresado a casa, pero ese lapso de tiempo se encontraba ahogado en litros de ron con Coca Cola.
Ignoro si al final pasó un taxi.
O hice auto stop.
O igual todo el rollo del cementerio fue un sueño de Antonio Resines o de Nobita...
Lo que sí era muy real, en todo caso, era la resaca apocalíptica que me tocó soportar para inaugurar el verano. Si hay algo que empecé a plantearme desde ese momento fue la posibilidad de empezar a sentar la cabeza y dejar de beber como un adolescente.
Y una forma de sentar la cabeza es que se hubiera cumplido La Profecía.
Pero, claro, no es el caso...
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7 comentarios:
Los cementerios molan!
Y temporada desvirgada!
Si es que tanto Grindr, tanto Grindr... mira lo que pasa!
Fdo: Tu lector del Grindr :p
Bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen!
La vuelta al cole no es lo mismo sin ti!
Por cierto... lo de Doraemon es leyenda urbana, que lo he visto por internet. E internet no miente!
Desde luego, que vergüenza. Tanto alcohol y mala vida. ¡Esto no puede ser! ¡Infame! ¿Es que nadie va a pensar en los niños?
El hecho de que a mi me haya pasado EXACTAMENTE LO MISMO no hace que mi opinión se invalide XD (Llegando sobado hasta Barajas. Que al parecer existe.)
Eso sí, resulta que el Area 51B está por Almendralejo. De todo se aprende.
¡Encantado de tenerte de nuevo por la blogosfera, Proudy!
"Como dijo aquél genio esta vida es un sueño y soñaré..."
Soñar con cementerios, deberías buscar qué significa eso.
Por cierto, yo preferiría al hombre lobo :P
Entre la cabecera y el primer episodio no se yo si voy a resistir esta octava temporada... demasiadas emociones pál body todas juntas!
...
Pero eso sí, no interrumpas la emisión o serás culpable de mi ingreso en "Proudlectores Anónimos".
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