Una vez leí en algún sitio que cuando te marcas un objetivo, una de las cosas más importante a la hora de focalizar tus esfuerzos en la consecución del mismo es establecer una fecha límite. Es una forma de decirle a tu mente que no puede relajarse, que el tiempo corre en tu contra y que no se puede posponer ni un ápice de entusiasmo a la hora de perseguir tu meta.
Ambos (objetivo y fecha límite) están muy claros:
Debo tener novio antes de cumplir los treinta y cuatro años.
No pasa nada, aún tengo tiempo.
Todavía me quedan once días...
Si alguien me pregunta a que se debe esta repentina premura, no sabría qué contestar. Creo que todo tiene su origen en alguna especie de sueño profético que he debido tener tras algún visionado accidental de alguna peli de David Lynch o algo así. El caso es que en mi sueño, se me advertía de que una terrible catástrofe tendría lugar si yo soplaba las velas de mi trigésimo cuarto aniversario sin que los tiernos ojos de mi media naranja fueran testigos de ello.
Tiembla, Patricia Arquette...
No recuerdo los detalles exactos, porque el sueño se pierde en la bruma de mi memoria, pero no especifica qué tipo de catástrofe podría producirse.
Que Charlaine Harris deje de sacar libros.
Amistades Peligrosas volviendo al mundo de la Música.
O una escasez mundial de Strawberry Cheesecake de Hagen Dazs...
Así que, como en el fondo me mueve un motivo altruista, me he puesto manos a la obra. Incluso cuento con la ayuda de mi Familia Postiza...
Un arduo camino en el que un atractivo joven deberá salvar el mundo... ligando. Y no puede ser cualquiera, Tiene que ser ÉL, la media naranja, la última pieza del puzzle, la persona que siempre he estado esperando.
Save the Proudstar, save the World.
Once días.
Un Destino.
¿Conseguirá nuestro héroe vencer las dificultades y realizar semejante hazaña?
FIN DE LA SÉPTIMA TEMPORADA







