25 octubre 2011
Zapping
Fringe
Hace algunas semanas, nos encontrábamos en la oficina cuando, de repente, empezamos a notar un fuerte olor. No, no se trataba del efecto Activia, sino de algún tipo de sustancia química. Pocos minutos más tarde tuvieron que desalojar el edificio, ya que empezamos a sentir mareos, naúseas e incluso algún desvanecimiento. La explicación oficial fue que en el ala anexa estaban de obras y utilizaron algún tipo de disolvente supuestamente inocuo.
Eso fue la explicación oficial.
Yo sospecho que se trató de un ataque terrorista desde el Otro Lado, ordenado por Proudalternativo, mi contrapartida malvada (pero igual de atractiva e irresistible) de un universo paralelo que nos odia por culpa de un error que cometí hace años.
Aunque lo cierto es que conseguimos sobrevivir, la cuestión es...
¿Cuándo volverán a intentar hacerme pagar por los crímenes de mi pasado?
El Taquillazo: Saga Crepúsculo: Eclipse
Bella Swan sigue debatiéndose entre el amor puro de Edward Cullen y la pasión desbocada y salvaje del licántropo Jacob black. Mientras la pequeña localidad de Forks está apunto de enfrentarse a su mayor amenaza y el corazón de una chica deberá tomar una decisión que cambiará su vida para siempre, una acuciante pregunta será la clave de todo:
¿Por qué Proudstar no encuentra el amor de su vida si la sosa de Bella tiene a dos tíos peleándose por ella?
Spartacus: Blood and Sand
En mi interior hay dos gladiadores que luchan a muerte.
Uno representa mi Razón.
El otro, mis deseos más primarios.
El primero intenta que haga lo correcto y me comporte de forma ética.
El otro pretende que me rinda ante una tensión sexual no resuelta que puede joder una amistad.
El gladiador razonable lleva ventaja y tras una fuerte embestida, derriba a su enemigo que cae aparentemente inerte en la arena cubierto de sangre. Ante la supuesta victoria, el aún no proclamado vencedor levanta los brazos y se deja embriagar por el clamor del público.
Sin embargo no se da cuenta de que, a su espalda, su rival se levanta lentamente y se niega a dar por perdida la lucha...
14 octubre 2011
Exiliado 2.0
La casa de mi madre tiene muchas comodidades. Para empezar, la comida casera no lleva el sello Hacendado, sino que está preparada por las manos que acunaban al pequeño Proudstar. Soy consciente de que todos decimos que nuestras madres son las mejores cocineras, pero los platos que prepara mi madre no sólo resucitarían a los muertos, sino que además, en parte, son los responsables de este cuerpo serrano.
La total ausencia de preocupación por cosas como el trabajo, el alquiler o el stress de la gran ciudad hacen que mi estancia aquí siempre sea agradable y me proporciona una cálida sensación de letargo. Sin embargo, en este paraíso del comfort y la buena vida en general, hay una cosa que echo mucho de menos.
Una conexión a Internet decente.
Y es que siempre que vengo, he tenido que echar mano de carísima conexión móvil (sí, mis vecinos han digievolucionado y ya ponen contraseña a sus wifis...) o, más recientemente, usar el Iphone como módem. Esta última opción me ha resultado bastante satisfactoria, pero, claro, la conexión a internet mediante el Iphone resulta totalmente incompatible con una cosa.
La ineptitud.
Resulta que el pasado miércoles por la tarde vio la luz la última y más deseada joya de la Corona de la Manzana Mordida:
El IOS 5.
Dado que fue anunciado a bombo y platillo como poco menos que algo que haría temblar los cimientos de nuestra existencia y que cambiaría el Universo tal y como lo conocemos, no pude aguardar hasta el sábado, día en el que volvería a Madrid y tendría una conexión a internet decente.
No podía esperar a que me lo contasen!
Así que inicié el complicado proceso de actualización del software del Iphone, que antes pasa por guardar una copia de seguridad del software anterior y una restauración del terminal. Y justo en todo ello me encontraba, cuando el proceso se detuvo.
No había conexión a internet.
Comprobé el Iphone y, ante mi sorpresa, estaba apagado. En mitad de todo el proceso de restauración, lógicamente el terminal se había apagado para reiniciarse, pero al no contar ya con conexión a internet, tampoco me era posible restaurar la copia de seguridad. Me encontraba ante una espiral de desesperación virtual en la que no tenía ni conexión a internet, ni móvil.
No olvidemos, por favor, mi despliegue de inteligencia al intentar actualizar precisamente la única cosa que me permitía conectarme a internet y que, a su vez, necesitaba internet para actualizarse.
Es lo equivalente a cortar la cuerda floja mientras estoy caminando sobre ella.
Un sudor frío empezó a recorrer mi frente. Eran ya las diez y media de la noche, no eran horas de ir a casa de nadie con el portátil a mendigar unas migajas de Wifi, así que me rendí a la evidencia de que tendría que esperar hasta el día siguiente.
SIN INTERNET!
Debo decir que las siguientes horas serían agotadoramente desesperantes.
Fueron unas 12 horas en las que no pude actualizar mi estado de Facebook. Sin hacer clic en ME GUSTA o cotillear el perfil de mis amigos.
Cualquier cosa podría estar fraguándose en Twitter, un nuevo y original Trending Topic del que yo no estaría formando parte.
En Whatsapp podría estar esperándome el mensaje que tanto tiempo llevo esperando, ESE mensaje que cambiará mi vida para siempre.
Y el Grindr!
Dios, el Grindr!!!
La tecnología, que debería estar a mi servicio, de repente, se había convertido en la más fuerte de las drogas cuyo síndrome de abstinencia me estaba haciendo atravesar uno de los trances más duros de toda mi vida.
A la mañana siguiente madrugué (MADRUGUÉ en vacaciones) y me fui volando a casa de mi hermano (mi hermano biológico, no hablo de Fido) para conectarme allí y arreglar el estropicio. Una vez que restauré la copia de seguridad, actualicé el software y configuré el teléfono, pude volver a estar conectado. Tras todas esas horas de desesperación en las que te debates entre la vida y la muerte virtual. Tras una ausencia de 12 horas de las redes sociales, el blog, los mails y las páginas de contacto y folleteo.... sabéis qué?
Que el Mundo 2.0 sigue girando ajeno a tu sufrimiento.
Y sus habitantes continúan con sus vidas como si nada...
Menudos cabrones estáis hechos!
12 octubre 2011
De luces y sombras
El pasado sábado por la noche, la estación de tren de mi ciudad natal me recibió de nuevo. Es apenas un andén al que acompaña un pequeño edificio. En su interior, una modesta cafetería (igual a las que te puedes encontrar en cualquier barrio andaluz) y un pequeño hall con un par de bancos para sentarse. Frente a éstos, una taquilla donde la gente ajena al Mundo 2.0 aún se empeña en enfrentarse a la cara agriada que, desde el otro lado del cristal, ignora su presencia y, sin levantar la vista del monitor, proporciona billetes impregados de desidia. Así descrito puede parecer una estampa desoladora, pero también es cierto que todo ello está cargado de una calma y una familiaridad que necesito absorber periódicamente para volver a enfrentarme a todo el maravilloso caos que es mi vida en Madrid y mi vida en general.
Al salir al exterior, la ciudad me recibió con un abrazo cálido y yo lo recibí con la reconfortante y extraña sensación de un forastero que vuelve a su casa. Como la temperatura era agradable y no era demasiado tarde, decidí no coger un taxi y pasear un poco hasta la parada de autobús. El camino está salpicado de palmeras que bordean el puerto y el olor a salitre se mezcla con la polución lanzada por uno de los polos químicos más importantes de Europa.
Nadie ha entendido nunca por qué los onubenses no hemos sido reclutados aún por Chales Xavier...
Cuando no llevaba ni cinco minutos andando, de repente, me engulló la oscuridad.
Literalmente.
Mi mente friki reprimió toda la información recibida de series como Fringe o de cualquier película de terror e intenté obviar que el hecho de que mi ciudad natal sufriese un gran apagón nada más poner el pie en ella, no podía ser un buen augurio.
Vislumbraba el bus a lo lejos, estacionado en su parada y apreté el paso. El silencio que imperaba en la calle sólo era roto por el ruido de las ruedas de mi maleta y la espesa negrura que me rodeaba apenas era rasgada por las luces de algún coche ocasional.
Es curioso, porque ahora mismo me siento un poco así: enmedio de la oscuridad y arrastrando equipaje.
La situación en el trabajo no es demasiado alentadora. Aunque no creo que peligre mi puesto, los cambios organizativos internos están incidiendo directamente en el ambiente de trabajo.
Por otra parte, mis pensamientos están ocupados, para variar, por alguien en quien no debería pensar, una historia abocada al fracaso (oh, sorpresa!) y que no es más que la advertencia de mi más que anunciada y próxima hostia sentimental.
Y en todo esto me encontraba pensando cuando, de repente, la luz volvió a bañarlo todo y lo ví todo claro.
Pues eso, a ver si vuelve la luz pronto...
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