29 noviembre 2011

Escenas Eliminadas

Hay una historia que nunca he contado aquí.

Como de costumbre, es la historia de una decepción y de un fracaso, pero esta vez viene acompañada de las nefastas consecuencias de mezclar el Amor con la Amistad. A nuestra desagradable receta añadimos un puñado de promesas que no valen nada, una dosis generosa de tensión sexual mutua no resuelta pero alimentada por una ingente cantidad de falsas expectativas alargadas en el tiempo y, finalmente, una decisión unilateral de distanciarme de esta persona que, sin ser mala, me estaba empezando a consumir demasiado tiempo y demasiada energía mental que no iba a desembocar en nada que fuera a causarme felicidad.

El resultado es un suculento plato en el menú del desamor de Proudstar in the City.

Y ésta es toda la alusión que voy a hacer a Mongh, que nunca se sabe quién puede estar leyendo...

Hay historias que te vampirizan, te clavan los colmillos y te chupan la sangre hasta que caes mentalmente débil, agotado y agonizante. Otras, en cambio, te hacen sonreír, se convierten en esas pequeñas cosas cotidianas por las que merece la pena levantarse.

Y son tan reales e importantes como las historias tormentosas.

Permitid que os hable de South Guy...

28 noviembre 2011

Fiesta en La Casa Azul

Con motivo del lanzamiento de La Polinesia Meridional, el próximo viernes 2 de diciembre, el Polyester se teñirá de azul y despegará para aterrizar en algún punto cerca de Shibuya. Repasa con nosotros la discografía completa de La Casa Azul y descubre los nuevos temas. Todo ello aderezado con el mejor pop indie y comercial de todos los tiempos.

Seguro que lo pasamos Superguay!



22 noviembre 2011

Mute

Pese a que me considero una persona bastante afable y accesible, hay ámbitos en los que no despliego mis habilidades sociales con normalidad. Ya sea por pereza, timidez o porque la situación no se presta a ello, en ocasiones puedo parecer bastante soso o incluso antipático.

Por ejemplo, en el gimnasio.

Pese a estar rodeado de chulos sudorosos, la verdad es que me refugio debajo de mis auriculares y paso un poco de todo. No suelo hablar con nadie, pese a que a muchos los conozco de vista desde hace años. He ligado alguna vez (pocas), pero lo cierto es que no he hecho amigos en el gym.

Hoy me encontraba entusiasmado porque me bajé al Iphone lo nuevo de La Casa Azul y lo tenía en modo Repeat mientras levantaba pesas. 

Los chicos hoy saltarán a la pista (que es como se llama el tema) es lo más para hacer ejercicio, por cierto...

Estaba sumergido en una especie de éxtasis pop cuando se me acercó un chulo bastante guapete con el que nunca en mi vida he intercambiado ni una palabra. Me habló y, aunque yo sólo escuchaba a Guille Milkyway, intuí que me estaba preguntando cuántas series me quedaban en la máquina que estaba ocupando.

- Una!- le respondí.

Y entonces sonrió y me dijo algo más. Puso una cara bastante simpática, pero, claro, con la música a todo trapo en mis orejas, no pude discernir qué me había dicho y tampoco podía quitarme los auriculares porque estaba levantando peso en ese momento. Podría haberlo hecho treinta segundos más tarde cuando terminé el ejercicio. Puede que incluso hubiera dado pie para iniciar una conversación.

Pero no, eso sería algo así como hacer bien las cosas, así que en lugar de eso, me dediqué a ignorarle, me levanté y cambié de máquina sin ni siquiera mirarle.

Me dí cuenta en seguida que, seguramente, ese gesto había quedado bastante antipático, pero ya era tarde. No sabía por qué lo había hecho, pero lo que era seguro era que acababa de cagarla con uno de los chicos más guapos del gimnasio.

Al menos, no me tropecé...

Cuando llegué a Proudville, reproduje en ARMENCHU el vídeo mental de la escena en cuestión y ejecuté una app que me había bajado del Iproud Store que lee los labios. Me ayudaría a averiguar qué me había dicho ese chico. 

El programa ofreció varias posibilidades. Pudo haberme dicho "Perfecto, gracias, espero". La otra opción es "Proudy, si no fuera porque no ingiero carne a partir de las 18:00 horas, te comería entero".

Yo me decanto por la segunda opción.

Lo cual, si es así, no deja de ser una putada.
Nunca lo sabremos....

17 noviembre 2011

Llamas a mí!

Si te aproximas a mí, lo notas.

Sólo tienes que acercar la palma de tu mano a unos centímetros de mi piel o hablar conmigo a una distancia corta. 

O abrazarme.

Al principio, de forma suave. Luego, esa sensación te invade. Quizás no seas del todo consciente de lo que ocurre, pero percibes algo cuando nos acercamos.

Mi cuerpo genera calor.
Literalmente.

Da igual la época del año, que sea de día o de noche. Soy un calefactor viviente. Mi piel está siempre encendida.

Siempre.

Jamás de los jamases, pase lo que pase, conecto la calefacción en casa. Me basta con ponerme una sudadera ligera para mantenerme en casa a una temperatura agradable. Dormir conmigo en invierno es cálido y reconfortante. Para estar calentitos en la cama, no es necesario poner un nórdico. El invierno anterior lo pasé por completo durmiendo desnudo, con una sábana y una manta. Sólo es necesario un par de minutos para que mi cuerpo haga subir la temperatura debajo de la mantita.

En la mesa de mi puesto de trabajo, un pequeño ventilador trabaja todo el año para evitar que la calefacción de la oficina unida a mi ya de por sí elevada temperatura corporal, me consuman como un fósforo.

Si esto fuera una serie sobrenatural, seguramente yo sería un licántropo. Si por el contrario fuera una peli de héroes Marvel, sería la Antorcha Humana (salvando la insalvable distancia con Chris Evans, por Dios....).

Sin embargo, todo esto no es fruto de una mutación ni de ningún poder sobrenatural. 

Hay una canción de Los Piratas que lo explica muy bien....






10 noviembre 2011

En el fondo, nos va la Marcha...

El chirrido de mi Harley al derrapar eclipsa cualquier otro sonido nocturno. Detengo el motor y me bajo. Un grupo de chicos que hablan en la puerta de un bar dejan de lado su conversación y me miran con atención. Sus ojos no se detienen demasiado en mi moto y se centran más bien en mi cazadora de cuero, mis gafas de sol oscuras y mis vaqueros gastados. Yo no me tomo la molestia de corresponderles con una mirada, así que les golpeo con mi indiferencia y comienzo a andar por la acera.

Mientras camino, un par de caras conocidas me dicen Hola afablemente, pero en vez de saludarles con una sonrisa, un abrazo y dos besos, me limito a soltar un Hey y continúo mi camino mientras noto que sus miradas me acompañan durante un rato. 

Entro en un bar y pido una cerveza. Apoyo la espalda contra la barra y dejo que la música me transporte, sin mirar a nadie. 

No me quedo solo durante mucho tiempo.

Un chico se me acerca e inicia una conversación banal. No me interesa lo más mínimo lo que me está contando y respondo a sus preguntas con monosílabos, pero el chico está bueno. Percibo que sus ojos se posan en el escote de mi camisa, mis brazos y mi paquete. 

Le agarro y le digo que me siga. Entramos en el servicio, cierro la puerta con pestillo y, sin más diálogo, agarro su cabeza y le obligo a que se arrodille. Refriego mi paquete contra su cara. Cuando nota lo duro que está, se ve incapaz de reprimir las ganas. Me abre la cremallera y me la chupa.

Es bueno.

Saco un condón del bolsillo y sin más preámbulos, le bajo los pantalones.
Le hago gemir durante un buen rato.

Salimos del servicio e ignoro las miradas de reprobación de los que estaban esperando fuera y que, sin duda, han escuchado lo bien que se lo he hecho pasar a..... comosellame....

Abandono el bar y el pobre infeliz me sigue para darme su teléfono. Le miento al decir que le llamaré.
Es sí, quizás vuelva a dejarme ver por ese garito para volver a follármelo...


Tal ves sea ésta la actitud que deba adoptar a partir de ahora. Dejar de ser tan pasmosamente transparente con respecto a mis sentimientos, repartir un poco de leña con los tíos y que sean ellos los que rueguen por mi amor.

Mi último comedero de cabeza sentimental es un chico que me ha confesado que le pongo cerdísimo (palabras textuales), pero que no quiere nada serio conmigo. Al hablar del tema con él, me soltó esa frase que ya he oído otras veces y que tanto me jode:

Es que eres un chico taaaaan bueno.....

No es que me moleste la idea de ser chico objeto, pero, la verdad, estoy empezando a pensar que voy a tener que empezar a romper escaparates, escupir en la acera e incendiar algún que otro portal para despertar algún sentimiento profundo y bonito.

En fin, mientras tanto, habrá que seguir follando...