25 febrero 2014

Huellas

El tiempo no es siempre lo importante.
A veces alguien se cruza en tu vida y simplemente te marca.
Te deja huella.

Da igual que la historia no acabase bien. Ese sentimiento no logras quitártelo de encima, por mucho que intentes sacudírtelo como si fuera una mota de polvo.

Su recuerdo te acompaña.
Creas su cuerpo en el vacío de tu cama e imaginas que todavía está ahí. Te enredas en sus piernas, le das los buenos días y engañas tu soledad con un abrazo incorpóreo.

Hay veces que toda una vida al lado de alguien te parece insustancial.
Otras, en cambio, encuentras justo lo que estabas buscando, pero el tiempo es cruel y te lo arrebata.

Pero ahí queda la
huella.
Tu huella permanece.

2 comentarios:

Jon Fígaro dijo...

Hay huellas que te atraviesan el alma y a las que cuesta renunciar. Pero soy de la opinión de que con el tiempo la huella comienza a desvanecerse poco a poco y aunque siempre esté presente y nunca desaparezca del todo de nuestra mente, debemos asimilar la pérdida y continuar.

Lo importante es no quedarse eternamente observando una huella, sino seguir caminando para que las siguientes nos conduzcan hasta un destino mejor, nos conduzcan al destino deseado dónde sustituir el vacío de la cama y la imaginación en una realidad tangible y feliz.

Mucha fuerza para conseguirlo.

James Proudstar dijo...

Muchas gracias por tus palabras, Jon.
Es importante seguir caminando, sin duda. A veces, mirar hacia atrás es muy tentador y, en ocasiones, es muy necesario hacerlo.

Un abrazo!